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Las imágenes y las personas: los restos de la guerra en Georgia, Rusia, Osetia y Abjasia
Un reportaje en directo sobre zona de guerra
 
 
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Publicado el Viernes 19 de septiembre de 2008, a las 13:50

Víctimas civiles en Georgia
 
Víctimas civiles en Georgia "No pudimos recuperar nada, lo poco que tenemos ..."

Veo a una familia que, junto con otras doce, ha sido realojada por las autoridades georgianas en un edificio que estaba abandonado. Sus casas fueron destruidas por las bombas rusas el pasado agosto. Tienen luz, pero no agua y todas utilizan un solo grifo que hay en la calle. No hay duchas, ni puertas y muchas ventanas no tienen cristales. Comen y cenan en el campamento de refugiados que la ONU y Cruz Roja han instalado aquí cerca, a las afueras de Gori. Hasta el 2006 Vivian en Abjasia pero tuvieron que marcharse. La mujer, que se llama Sopo, me dice: “Nosotros siempre habíamos vivido en Abjasia, pero últimamente los rusos no querían allí a los georgianos. Hace dos años la cosa se puso peor y tuvimos que venir aquí: sólo pudimos traer lo que cabía en el coche”. La bomba que destruyo su casa cayó en la calle y arraso dos edificios enteros. “No pudimos recuperar nada, lo poco que tenemos ahora nos lo han dejado nuestra familia o nuestros amigos. Los rusos ya nos echaron de Abjasia y ahora nos quieren echar de aquí. ¿Dónde quieren que nos vayamos?” Foto: José Alfonso.

 
   

Texto y fotos: José Alfonso – laRepúblicaCultural.es

Igual que las fronteras, las guerras son siempre mala solución, las unas son consecuencia de las otras. El reciente enfrentamiento entre Georgia y Rusia, en la disputa por los territorios de Osetia del Sur y Abjasia, pusieron en medio de la contienda a miles de civiles, de los cuales, muchos no tienen relación alguna con el conflicto. Las consecuencias, como es habitual en estas historias, se cuentan con lo que ya no queda, con lo que hay que lamentar, con los que ya no volverán a estar entre los suyos. José Alfonso, nuestro compañero fotógrafo, habla con sus imágenes y con sus breves textos de aquello que encuentra en el terreno, apenas unos días después del alto el fuego que, seguramente, habrá acabado con un cierre de fronteras, pero desde luego, habrá acabado con muchas vidas civiles. Cada lado de una línea verá la historia de manera diferente, tal vez para eso puedan servir las líneas trazadas en un mapa: muchas de éstas atravesarán vidas inocentes.

Un hombre observa los restos de su taller, destruido por una bomba rusa durante la breve guerra entre Georgia y Rusia, el pasado mes de agosto: “Era todo lo que tenia” me cuenta”Fabricaba piezas de acero. Tenia maquinaria y mucho trabajo. Me han dejado sin nada. Los rusos son mala gente, disparaban contra la comisaría que esta aquí al lado y han destruido medio barrio (la comisaría sigue intacta)”. Y continúa “si Rusia no fuera un país tan grande los hubiéramos derrotado fácilmente. Su armamento es viejo y están mal entrenados. Y nosotros tenemos soldados valientes y armas modernas, de Israel y de los americanos”.

Encuentro a un niño llamado Yura de 12 años. Está frente a la casa en la que vivía, y allí mismo nos cuenta: “Las bombas cayeron de dos en dos, la primera cayo ahí detrás, en el centro de la calle. La segunda en mi casa, en el tejado”. Murieron un adulto y cuatro niños, Yura los conocía a todos:  estaban destrozados” dice,de alguno solo encontraron la cabeza o un brazo”. En la explosión también resulto herida una mujer a la que han tenido que amputar una pierna, una niña que ha perdido un ojo… “a la niña la oíamos gritar y entre todos la sacamos de debajo de los escombros”. La familia de Yura ha sido alojada temporalmente en un colegio cercano.

Más tarde veo a una familia que, junto con otras doce, ha sido realojada por las autoridades georgianas en un edificio que estaba abandonado. Sus casas fueron destruidas por las bombas rusas el pasado agosto. Tienen luz, pero no agua y todas utilizan un solo grifo que hay en la calle. No hay duchas, ni puertas y muchas ventanas no tienen cristales. Comen y cenan en el campamento de refugiados que la ONU y Cruz Roja han instalado aquí cerca, a las afueras de Gori.

Hasta el 2006 Vivian en Abjasia pero tuvieron que marcharse. La mujer, que se llama Sopo, me dice: “Nosotros siempre habíamos vivido en Abjasia, pero últimamente los rusos no querían allí a los georgianos. Hace dos años la cosa se puso peor y tuvimos que venir aquí: sólo pudimos traer lo que cabía en el coche”. La bomba que destruyo su casa cayó en la calle y arraso dos edificios enteros. “No pudimos recuperar nada, lo poco que tenemos ahora nos lo han dejado nuestra familia o nuestros amigos. Los rusos ya nos echaron de Abjasia y ahora nos quieren echar de aquí. ¿Dónde quieren que nos vayamos?

 Nadie nos aviso de que podían venir los aviones. Era mediodía y estaba en casa preparando la comida, oí gritos en la calle y después ya no recuerdo nada”. Lo relata una mujer que resulto gravemente herida en la cabeza el 11 de agosto por una bomba rusa. Salio del hospital el 17 de septiembre aunque aun presenta graves secuelas.

Un hombre de 46 años de edad llamado Nino cuenta que su casa estaba al norte de Gori y fue destruida por una bomba rusa. Su hijo menor, de trece años murió dentro: “yo estaba trabajando cuando se oyeron las primeras explosiones. Cuando llegue a casa ya se habían llevado a mi hijo. Murió en el hospital. No me dejaron verlo”.

  

 

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