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Víctimas civiles en Georgia "No pudimos recuperar nada, lo poco que tenemos ..."
Veo a una familia que, junto con otras doce, ha sido realojada por las autoridades georgianas en un edificio que estaba abandonado. Sus casas fueron destruidas por las bombas rusas el pasado agosto. Tienen luz, pero no agua y todas utilizan un solo grifo que hay en la calle. No hay duchas, ni puertas y muchas ventanas no tienen cristales. Comen y cenan en el campamento de refugiados que la ONU y Cruz Roja han instalado aquí cerca, a las afueras de Gori. Hasta el 2006 Vivian en Abjasia pero tuvieron que marcharse. La mujer, que se llama Sopo, me dice: “Nosotros siempre habíamos vivido en Abjasia, pero últimamente los rusos no querían allí a los georgianos. Hace dos años la cosa se puso peor y tuvimos que venir aquí: sólo pudimos traer lo que cabía en el coche”. La bomba que destruyo su casa cayó en la calle y arraso dos edificios enteros. “No pudimos recuperar nada, lo poco que tenemos ahora nos lo han dejado nuestra familia o nuestros amigos. Los rusos ya nos echaron de Abjasia y ahora nos quieren echar de aquí. ¿Dónde quieren que nos vayamos?”
Foto: José Alfonso. |
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Texto y fotos: José
Alfonso
– laRepúblicaCultural.es
Igual que
las fronteras, las guerras son siempre
mala solución, las unas son consecuencia de las otras. El
reciente
enfrentamiento entre Georgia y Rusia, en la disputa por los territorios
de
Osetia del Sur y Abjasia, pusieron en medio de la contienda a miles de
civiles,
de los cuales, muchos no tienen relación alguna con el
conflicto. Las consecuencias,
como es habitual en estas historias, se cuentan con lo que ya no queda,
con lo
que hay que lamentar, con los que ya no volverán a estar
entre los suyos. José
Alfonso, nuestro compañero fotógrafo, habla con
sus imágenes y con sus breves
textos de aquello que encuentra en el terreno, apenas unos
días después del
alto el fuego que, seguramente, habrá acabado con un cierre
de fronteras, pero
desde luego, habrá acabado con muchas vidas civiles. Cada
lado de una línea verá
la historia de manera diferente, tal vez para eso puedan servir las
líneas
trazadas en un mapa: muchas de éstas atravesarán
vidas inocentes.
Un hombre
observa los restos de su taller, destruido
por una bomba rusa durante la breve guerra entre Georgia y
Rusia, el
pasado mes de agosto: “Era todo lo
que
tenia” me cuenta”Fabricaba
piezas de
acero. Tenia maquinaria y mucho trabajo. Me han dejado sin nada.
Los rusos son mala gente, disparaban contra
la comisaría que esta aquí al lado y han
destruido medio barrio (la comisaría
sigue intacta)”. Y continúa “si
Rusia
no fuera un país tan grande los hubiéramos
derrotado fácilmente. Su armamento
es viejo y están mal entrenados. Y nosotros tenemos soldados
valientes y armas
modernas, de Israel y de los americanos”.
Encuentro
a un niño llamado Yura de 12 años.
Está frente
a la casa en la que vivía, y allí mismo nos
cuenta: “Las bombas cayeron de dos
en dos, la primera cayo ahí detrás, en el
centro de la calle. La segunda en mi casa, en el tejado”.
Murieron un
adulto y cuatro niños, Yura los conocía a todos: “estaban
destrozados” dice,
“de alguno solo encontraron la
cabeza o un
brazo”. En la explosión
también resulto herida una mujer a la que han
tenido que amputar una pierna, una niña que ha perdido un
ojo… “a la
niña la oíamos gritar y entre todos la
sacamos de debajo de los escombros”. La familia de
Yura ha sido alojada
temporalmente en un colegio cercano.
Más
tarde veo a una familia que, junto con otras
doce, ha sido realojada por las autoridades georgianas en un edificio
que
estaba abandonado. Sus casas fueron destruidas por las bombas rusas el
pasado
agosto. Tienen luz, pero no agua y todas utilizan un solo grifo que hay
en la
calle. No hay duchas, ni puertas y muchas ventanas no tienen cristales.
Comen y
cenan en el campamento de refugiados que la ONU y Cruz Roja han
instalado aquí
cerca, a las afueras de Gori.
Hasta el
2006 Vivian en Abjasia pero tuvieron que
marcharse. La mujer, que se llama Sopo, me dice: “Nosotros
siempre habíamos vivido en
Abjasia, pero últimamente los rusos
no querían allí a los georgianos. Hace dos
años la cosa se puso peor y tuvimos que
venir aquí: sólo pudimos traer lo que
cabía en el coche”. La bomba que
destruyo su casa cayó en la calle y arraso dos edificios
enteros. “No pudimos recuperar nada,
lo poco que
tenemos ahora nos lo han dejado nuestra familia o nuestros amigos. Los
rusos ya
nos echaron de Abjasia y ahora nos quieren echar de aquí.
¿Dónde quieren que
nos vayamos?”
“Nadie
nos aviso de que
podían venir los
aviones. Era mediodía y estaba
en casa preparando la comida, oí gritos en la calle y
después ya no recuerdo
nada”. Lo relata una mujer que resulto gravemente
herida en la cabeza el 11
de agosto por una bomba rusa. Salio del hospital el 17 de septiembre
aunque aun
presenta graves secuelas.
Un hombre
de 46 años de edad llamado Nino cuenta que
su casa estaba al norte de Gori y fue destruida por una bomba rusa. Su
hijo menor,
de trece años murió dentro: “yo
estaba
trabajando cuando se oyeron las primeras explosiones. Cuando llegue a
casa ya
se habían llevado a mi hijo. Murió en el
hospital. No me dejaron verlo”.
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