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Antología escultórica de Julio González, el principio del fin de la evolución del arte
Publicado el
Lunes 4 de mayo de 2009, a las 09:57h
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Julio González (1934). Hierro forjado y soldado. Foto: Cortesía MNCARS.
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Julio Castro - laRepúblicaCultural.es

Una exposición antológica muy interesante y recomendable viene mostrándose al público durante los meses de marzo a junio en Madrid, y es la que recoge una importante recopilación de las obras de Julio González, el genial escultor barcelonés, que supuso uno de los principales pilares de la transformación en su campo desde finales del siglo XIX, desarrollando sus ideas en el París de la primera mitad del XX.

No se puede decir que las propuestas de Julio González tengan fin, sino al contrario, son de una tremenda actualidad y continuidad en sí mismas, de manera que las obras, en su mayor parte, vienen a establecer una línea de continuidad que dejarán unos puntos suspensivos inacabados hasta nuestros días, pese a estar próximo el septuagésimo aniversario de la desaparición del artista.

Se compone la exposición de dos partes fundamentales en la retrospectiva que nos propone la comisaria de la exposición, Mercè Doñate, a través del Museo Nacional Centro de Arte R. Sofía, por una parte, la necesaria evolución artística de González, desde su aprendizaje en el taller de metalistería familiar, en el que tanto él como su hermano mayor Joan trabajaron hasta su necesario traslado a París, para llegar a sus últimas obras y consecuencias de la revolución artística que desencadenaría su trabajo en poco tiempo, y supondría derivada de la impronta de su aprendizaje, el encuentro con la labor de otros monstruos del arte del momento y el intercambio de ideas que sus propias manos y la creación intelectual le permitirían ejecutar. Finaliza el recorrido de la exposición con un “pequeño” monográfico dedicado al entorno de La Montserrat, obra que ha dado un tremendo juego de partes, bocetos y trabajos previos o posteriores, de una pieza singular que el artista cediera en el año 1936, para ser expuesta en el Pabellón de la República Española en la Exposición Internacional de París.

Así planteado parece un sencillo recorrido artístico, que no es tal, puesto que la retrospectiva, que toma piezas de todos los palos que toca el artista (ya sea escultóricas en las más diversas técnicas, de orfebrería, o los diseños y bocetos entorno a cada obra), ha sintetizado en un intenso (que no inmenso) recorrido, una cantidad tal de ejemplos que permitirán al más alejado al artista, comprender su evolución y su intención en el juego de la expresión.

Para mí, Julio González representa la síntesis de la figura y del pensamiento que el artista capta de la imagen que representa. El grado de simbolismo del escultor no puede ser mayor en su ejecución que la que representa una obra como la denominada “La Cabellera”, un bronce del año 1934, en la que parece dirigirse al espectador demostrándole que cualquiera será capaz de comprender el simbolismo más sintético sin necesidad de grandes explicaciones. Pero no podemos limitarnos a este simplicismo que podría suponer quedar en esa representación, ya que encontramos otras facetas mucho más complejas en la ejecución e igual de sintéticas en la muestra que nos ofrece. Obras como La Jirafa, otro bronce de 1935, o la serie de la misma época que constituyen algunas piezas como Mujer peinándose, Gran Maternidad, muestran a un creador que aúna diferentes técnicas en una que no había sufrido todavía las transformaciones a que podía estar sujeta. Para este fin, no se limita a simbolizar la representación, sino que viene a aplicar la visión del espacio múltiple cubista junto con una idea, que se me ocurre es como un divertimento, en que el parece que el escultor trae el collage a sus obras, repitiendo partes de un rompecabezas simbólico a cada obra, lo que le facilita la comunicación con el espectador, a la vez que innova en cada una de las piezas.

Llegar a esta fase supone llegar casi al final de la vida artística de Julio González, y lo mejor es disfrutar del paseo por cada una de las obras que se exponen, desgranándolas desde todos los ángulos posibles, porque siempre nos dejaremos algo por descubrir en cada una de las piezas. Pero es fundamental comprender cómo evoluciona desde sus primeros trabajos, en los que ya apunta la línea que luego conseguirá plasmar en sus obras, y observar cómo se mueve en el campo de la representación adelante y atrás, a medida que experimenta con nuevos matices o ideas geniales, para retomar lo trabajado antes y ver la manera de incorporarlo a las nuevas propuestas. En el momento en que comienza a trabajar con planchas de metal a las que da forma más allá del bajorrelieve, o del vaciado, para proponer resultados finales sencillos por medio de cortes y añadidos a las mismas, se puede observar que el artista ha dado el paso crucial para su transformación, sin embargo, como decía antes, vuelve una y otra vez a técnicas representativas anteriores más explícitas, porque su fin es el del estudio de las formas de comunicar en las obras, incorporando nuevas ideas sin perder nada. Así se explica la forma de llegar a esa Montserrat Gritando, que no puede verse como pieza aislada de un autor, sino como una parte fundamental para la comprensión de la trayectoria artística, en la que tenemos ese Arlequín, o La Pequeña Hoz, o lo que me parecen unas piezas realmente sólidas en su conjunto y, posiblemente de las más llamativas, como son los Hombre Cactus y Mujer Cactus, de 1939. Pero, entremedias, la Mujer ante Espejo, de 1936 es una magnífica obra para detenerse un buen rato ante ella, aunque hay que pensar en otro tipo de expresiones que nos señalan la evolución artística, como La Frente, o El Encapuchado, entre los años ‘34 y ’36, que, cada una a su manera, suponen piezas significativas en la muestra.

No quiero dejar de señalar dos aspectos de esta exposición antológica y de la obra de Julio González, como son, por una parte, las piezas trabajadas sobre piedra. Estas suponen una secuencia fundamental para comprender el trabajo de los planos que generan claroscuros y que dan la sensación de volumen estático a las figuras posteriores y que se plasmarán, más concretamente, en La Montserrat. De esta manera, el artista experimenta con piezas a las que, con un mínimo trabajo y la más adecuada iluminación, logra sacarles una forma sugerente acorde al efecto deseado. Como ya he repetido anteriormente, una vez más, la creación de La Montserrat, supone una vuelta a los trabajos anteriores, incorporando buena parte de lo ya investigado, esta vez con menos evidencias en el simbolismo y la simplificación, que no abandonará hasta el final de sus días, pero que aquí están en menor medida en esa línea, al menos, de forma evidente. Sin embargo es este el trabajo que elige para sumarse a la exposición republicana de la Exposición de Paris, representando a su país, y sumándose así a la lucha de la cultura que la II República llevó en los españoles hasta el final. Como se puede ver, en esa muestra, organizada por Josep Renau (ver artículos referentes al artista que fuera Director General de Bellas Artes), colaboran numerosos exponentes de la cultura española, entre ellos Pablo Picasso, pero también el escultor Alberto Sánchez. Decía en el título que este puede haber sido el principio del fin de esa evolución artística, y me refiero a que, si bien se daría lugar durante algunas décadas, a artistas destacados que profundizarían en las líneas marcados por estos productos del XIX y principios del XX, que tendrían su máximo exponente en la II República Española, lo cierto es que poco se podría innovar después y, me atrevo a decir, que nada en absoluto se mueve adelante hoy día. Es probable que una vez abierta la caja de Pandora, y viendo aquellos artistas la posibilidad de hacer todo lo que se les ocurriese sin límites, tocasen precisamente esos límites, dejando a las generaciones futuras, únicamente, la posibilidad de desarrollarse en la creación dentro de esos parámetros (que son infinitos, pero que ya son un universo conocido). Por eso, sería preciso conocer nuevos universos en el arte que trasciendan lo ya conocido, porque si no, nos seguiremos complaciendo en admirar una época sin posibilidad de cambios e innovaciones verdaderas.

Otro aspecto que no quería dejar de tocar es la cuestión de la relación de Julio González con Pablo Picasso. Este es un aspecto que se destaca dentro de la muestra, y no es para menos, pero la realidad es que son dos grandes que se encuentran ya en su proceso de creación y es realmente dudoso que la influencia de uno sobre el otro pudiera ir más allá de la concomitancia, porque en ambos latía ya la semilla de la ansiedad por experimentar y descubrir todo: “el todo”. Tal vez de manera inconsciente, tal vez conscientemente, pero así fueron los artistas de esa época, y esa es la importancia de la semilla que dejaron e hicieron crecer, para que algunos artistas posteriores desarrollaran su labor hasta los límites que pocas décadas después tocarían prácticamente el extremo de esas investigaciones.

Podemos ver, pues, un recorrido por la obra de Julio González, desde sus primeros pasos en la metalistería creando ornamentos, hebillas y otros complementos, hasta las creaciones finales. Una fuerte recomendación: no hay que desperdiciar ni uno de los dibujos: es una forma de entrar sin permiso en el concepto y la intimidad del creador, y es la mejor forma de comprenderle.

Por último, decir que, si bien esta muestra es importante y merece ser visitada en más de una ocasión, siempre se puede ir a las fuentes, es decir, allá donde están depositadas las obras, ya sea el IVAM, donde se encuentra una magnífica colección, como el Museu Nacional d’Art de Catalunya, donde se encuentran innumerables piezas complementarias a las que se muestran en el anterior.



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OTROS DATOS RELACIONADOS

Organizan: Museu Nacional d´Art de Catalunya en coproducción con el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
Comisaria: Mercè Doñate
Coordinador: Osbel Suárez

Ver fechas pasadas

Fecha: del Martes 10 de marzo de 2009 al Lunes 1ro de junio de 2009
Horario: de09:50h a 20:00h
Lugar: Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Edificio Sabatini, Planta 3ª (Zona A) (Madrid) Actividades educativas:
*Cine en familia “Estrictamente moderno”
*Cuentacuentos para público familiar y centros escolares
*Taller para Secundaria “El alma del hierro”
Para más información:
MNCARS

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