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 >>>Sección: Creadores e Intérpretes de Escena
           
Daniele Finzi: "los clown damos voz a son los héroes cotidianos, los perdedores, nosotros todos, que vencemos una vez y perdemos cincuenta"
Entrevista de laRepúblicaCultural.es al actor suizo, a su paso por la escena madrileña
 
 
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Publicado el Viernes 4 de septiembre de 2009, a las 09:39

Daniele Finzi
 
Daniele Finzi

El actor en la representación de su obra Ícaro en Madrid. Foto: Julio Castro.

 
   

Julio Castro – laRepúblicaCultural.es

Comprobar brevemente la faceta de la trastienda de un dramaturgo, director e intérprete como Daniele Finzi Pasca, facilita saber que muchas veces hay más cosas en movimiento de lo que creemos, detrás de las máscaras del escenario, y que un clown es más de la imagen que se quiere proyectar de ellos en los estereotipos tradicionales de la sociedad políticamente correcta.

Daniele es un ser amable pero luchador, tranquilo pero inquieto, preocupado de su entorno más inmediato como reflejo de lo que percibe que son los conjuntos sociales más grandes. Es amante de las pequeñas acciones que, a veces se le acaban transformando en otras cosas en las que se encuentra involucrado sin pensarlo. Tras muchos años de ser visto por algunos como ese ser “poco productivo” por el que nadie apuesta, resulta que es nombrado suizo del año, pero no por lo que debería apreciarse en su trabajo y en su persona, sino más bien por esos cánones sociales contra los que él mismo ha peleado. Una pelea que le valió años de cárcel por enfrentarse al estado y al estamento militar, porque el delito (que aquí también lo fue muchos años) de la objeción de conciencia, no se encuentra tan lejano en nuestras vidas, apenas más de una década: pero él fue pionero y eso le valió la privación de libertad. Seguramente por eso se ríe cuando piensa en los “honores” públicos que ahora le deparan, y en los agasajos que otros montan para quedar bien.

Pero Daniele es un hombre preocupado, pero más que atormentado, un ser que quiere permanecer en la acción, en lo que puede hacer y decir desde su modesta persona y desde su gran peresonaje. Y basta que le pregunte por la situación política de Italia, el país de origen de su familia, para que, tras la entrevista tengamos una larga charla en la que sigue sus dudas, sus planteamientos, sus preocupaciones… “la oposición también se equivoca […] habría que parar toda esta charla mediática sobre si Berlusconi se ha operado o ha hecho esto, o aquello y plantearse la alternativa política”. Pero lo que acaba saliendo con mayor peso en sus preocupaciones, es el trato a los inmigrantes que vienen de África “no puedo comprender el trato que se les da y se les quiere dar […] mi familia tuvo que emigrar a Suiza para poder vivir, para poder comer ¿cómo se puede tratar así a estos que vienen ahora de África? Si no tienen para comer, es normal que salgan de su país y vengan aquí”.

Ese es Daniele, y la entrevista que va a continuación es algo de Daniele, su obra y el sentido de ésta y su pensamiento… o, al menos, un trocito que queda aquí reflejado.

El trabajo de Ícaro que veremos esta tarde, trata de transmitir una reflexión acerca de la situación de una lucha política y social ¿responde a una necesidad personal de comunicación o más bien se trata de remover algo en la sociedad?

El hecho de contar a través de este espectáculo, en el prólogo, que fue esta experiencia de objeción de conciencia y encarcelamiento (porque hace 25 años atrás, en Suiza, no había alternativas) es una reivindicación política que, bueno, las cosas cambiaron y vieron que, a fin de cuentas, tener en lo militar a gente que no estaba hecha para esto y llenar las cárceles de jóvenes pacifistas, no servía mucho.

Esto, seguramente, fue una reivindicación política.

En Ícaro, como siempre en todo lo que hago, me cuesta mucho pensar en la sociedad: pienso en cosas más chiquitas, cuento historias para emocionar a mi familia, a mi abuela, para que ellos se sientan en cierto modo…, cómo decir, felices, orgullosos por lo que hago. Y después, si gusta a otros, me alegro, pero no me entra en la cabeza una medida tan grande como el término sociedad.

¿Crees más en el trabajo colectivo o en las pequeñas cosas individuales?

Creo en los dos. Hago teatro, que en el arte es una de las cosas más colectivas que existen. Y el teatro se hace mínimamente entre dos: un público con el que danzar. Y esto es una obviedad, porque cuando digo esto, no es sólo se cuenta con el público, son los técnicos, los compañeros… el teatro es un proceso colectivo, y tras 25 años de vida de esta compañía, conviviendo con algunos todo este viaje juntos, tengo la certeza de que las cosas se deben y se pueden hacer maravillosamente en una colectividad.

Pero el hecho colectivo, no debe hacer que perdamos de vista que cada uno tiene que hacer lo suyo, por pequeño que sea, su gesto coherente, que a veces tiene que ser justamente incoherente para sorprender… como sea, pero uno no puede perderse en la colectividad. Sin embargo, ahí se exalta y se junta, aunque los gestos que cuentan son los tuyos, los esfuerzos chiquitos y grandes, los héroes que los clown contamos y a los que damos voz, son los héroes cotidianos, los perdedores, nosotros todos, que vencemos una vez y perdemos cincuenta.

Pero permanecemos como héroes, porque estábamos ahí luchando, lo hicimos con gusto, con placer, con ganas, con felicidad, con dolor.

Por lo que explicabas en el anteprólogo, tu tipo de compañía se encuadra dentro del teatro independiente. Es difícil mantener este tipo de compañía, pero también tendrá su evolución dentro de ese ámbito ¿cómo evoluciona tu tipo de teatro a lo largo de los años?

Mi historia en este teatro es un poco extraña. Venimos del teatro independiente, y sigo haciéndolo en la misma forma en ciertas producciones. ¿Cómo fue que haciendo esto me ocurrió que me vi involucrado haciendo proyectos que son exactamente lo opuesto? Pues fui invitado a dirigir un proyecto millonario, por ejemplo en el Cirque du Solei. Millonario no quiere decir solo en cuanto a dinero, sino también con una organización tecnológica, con una producción enorme, y me tocó dirigir la ceremonia de clausura de las Olimpiadas. Hoy sigo viendo con gusto y con amor lo que escribí, teniendo el placer de presentar un espectáculo para un único espectador, y me tocó crear la ceremonia de clausura, que fue vista por un millar de personas. Y lo hice siempre juntando a mi familia, quiero decir, los mismos creadores con los que empezamos: la compositora Maria Bonzanico, Hugo, Julie… que son muchos años que trabajamos juntos.

Así que creo que somos cocineros en el teatro: a veces haces cocina para los amigos en tu taberna, y puede que venga alguien y te diga “soy el rey de la región, quiero casar a mi hija, vengan a cocinar a mi casa” y lo importante es seguir cocinando, pero usando tus sabores sin perderlos.

Por proximidad, no sólo de la lengua, sino también geográfica a tus orígenes, vemos lo que ocurre en Italia… ¿Cómo ves la situación en ese país de cara al arte y concretamente en el teatro, en el plano político con Berlusconi a la cabeza?

Si fuera sólo un ataque a la cultura, a fin de cuentas, sería doloroso. Pero hay otras cosas ahí… Yo no soy especialista, pero soy como muchos, que tiene una nariz que olfatea y no logra eventualmente decir por qué no es bueno este olor ¡Hay algo que no es bueno! No entiendo bien cómo describirlo, pero algo huele a podrido. Y no sé tampoco de quién proviene. Lo que más duele de todo esto, es que recientemente el gobierno ganó y como nunca ganó otro. Hay algo ahí detrás… ¿Qué pasó ahí? ¿Cómo…? Por el olor, hay algo extraño que no sé decir. De los políticos me dan miedo dos cosas: cuando tienen demasiado poder y cuando están demasiado agarrados al poder, y en estos casos, estos dos “talentos” los tienen muy desarrollados. Seguramente no es algo único de ese gobierno, pero en ese es seguro. Pero no comprendo cómo pudieron ser elegidos con tanta fuerza. Estoy completamente sorprendido.

¿Crees que desde el campo de las artes se puede hacer algo para cambiar claramente la sociedad?

El teatro, como cualquier cosa, cuenta historias. Nuestros padres, nuestros abuelos, a veces nos cuentan historias para que no olvidemos lo que pasó, o para que seamos mejores, no tengamos miedos, o aprendamos que se sufre en la vida de amor… cuando tienes 20 años, a veces tienes que tener buenas historias para los adolescentes para decirles “estás sufriendo y te quieres matar de amor, todo lo comprendo, pero me pasó a mí, a tu abuela, a tu abuelo, el primer amor…”. Entonces, tenemos que tener esas historias para decirle “mira, ya pasó, y en tu caso es especial y tú eres extraordinario, y nunca le pasó de la misma forma a nadie, pero ya pasó a otros”. Igual que esto, que por una parte la vida se repite, y por otra parte, que a cada suceso uno es un héroe y que es un hecho extraordinario cada vez.

Esto es lo que a mí me mueve: las historias que me tocan, y esto también sirve. Si vemos lo que sale estos días en los medios de comunicación acerca de lo ocurrido con la II Guerra Mundial, también se pueden contar historias chiquitas: leía también algunas historias de quién perdió, quién estuvo allí abajo, quién disparó, quién no supo por qué… Y estas historias dejan huella, siguen testimoniando algo, continúan manteniendo en movimiento la memoria o crean esperanza.

No es que el teatro específicamente por el hecho de contar historias, haga otra cosa que mantener rodando ideas.

¿Opinas que el clown llega más al corazón y a la cabeza de la gente, o es un personaje más de la escena?

En un mundo donde estamos bombardeados por héroes… los griegos eran fuertes en esto y los norteamericanos extraordinarios, creando estos héroes que vencen, que son bellos, que al final de cuentas les sale bien todo… los clown contamos historias de aquellos que pierden con honor. Entonces, no sé si la cuestión es ser mejor o peor, sino que simplemente, contamos estas historias y damos voz a quienes, de otra manera, muchas veces no tendrían a alguien que cante su gesta, sus grandes aciertos. Los clown contamos esos aciertos de los que resbalan, los que quisieran hacer enamorarse a su novia y no lo logran, los que se chafan, los que, los que….

O sea, que para ti es especial

Es una tarea como otra. (Ríe por lo bajo y me queda claro que sí lo es).

¿Podremos ver tanto Ícaro como otros trabajos tuyos en los escenarios españoles?

Yo creo que sí, nació con estos amigos productores, que venía con una relación con Cirque Eloize, que se llevó ese espectáculo mío que fue Rain, va a llegar Nebbia,… El hecho de que esté aquí en el escenario (soy como la mamá de ciertos espectáculos) es como seguir un camino, una relación. Y estar en este teatro, es una cosa muy especial. ¿Cuántos actores y cuánto teatro español se hicieron aquí? Bueno, es como un regalo que me hicieron al poder pisar estas tablas.

En España tenemos un dicho: “nadie es profeta en su tierra” ¿crees que puedes decir que tú lo eres en la tuya?

¡Uff! Llegó un golpe de amor, los reconocimientos, me dieron el premio como suizo del año, hubo tantas cosas tras las Olimpiadas… tantas cosas pasaron ahí… Un largo tiempo.

Muchos sabrán de lo que hablo: una cosa es que alguien te diga que lo que haces está podrido, que no vale nada, y otra cosa es cuando hay desinterés. Esto es lo que hace sufrir. Y viví mucho esto.

Es verdad que cambió mucho después de las Olimpiadas, hubo como un golpe de amor a fin de cuentas, pero no cambia nada.

Una vez estaba con mi esposa, que es canadiense y no comprende aún bien el italiano, y el padre de un compañero mío de la escuela me dice “¡Daniele, Daniele!, perdóname, tengo decírtelo, pero yo no habría dado 20 centavos por que hicieras algo bueno, y tengo que decirlo: estoy sorprendido”. Así que me quedé pensando “esta sensación que tenía no era completamente errónea”. Y me lo decía con una sonrisa… ¡¡todo contento!! “no habría dado 20 centavos”.

Así que sí, ocurre en todos los países. Bueno, no en todos. Viví muchos años en México y allí me acuerdo que la gente tiene una relación con sus artistas muy directa, de honor… dicen “¡es un cantante!” o “¡es un poeta!”. Piensan que escribir poesía es algo tan respetable como ser doctor: no más, pero al mismo nivel.

Y no en todas partes es así, no sé aquí, pero hay muchos sitios en que dices que eres actor, o poeta y te dicen “bueno, ¿y…?¿sí y qué haces?” Bueno, pues no soñaré con volverme rico, pero hago esto. Y uno empieza a comprender que hay una apreciación de tus sueños que son distintas, o que son percibidos de forma distinta.

Pero la cosa cambió, y me hace reír, aunque me sentí muy halagado, recibir el premio del “suizo del año”, me divirtió mucho.

  

 

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