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Publicado el Martes 2 de febrero de 2010, a las 08:46
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Título original: The hurt locker
Director: Kathryn Bigelow
Intérpretes: Jeremy Renner, Anthony Mackie, Brian Geraghty, Guy Pearce, Ralph Fiennes, David Morse, Evangeline Lilly, Christian Camargo
Guión: Mark Boal
Fotografía: Barry Ackroyd
Música: Marco Beltrami, Buck Sanders
Género: Drama, Acción
Nacionalidad: Estados Unidos
Año de producción: 2008
Duración: 131’
Fecha de Estreno: Viernes, 29 de Enero de 2010
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En tierra hostil
Una imagen de la película de Kathryn Bigelow. |
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Luis Rueda –
laRepúblicaCultural.es
Kathyn Bigelow es una
realizadora atípica, en algunos
casos incómoda, y es que no es habitual ver a una cineasta tan
brillante en la
parcela técnica trabajar al margen de cansinas arengas moralistas y con
un
discurso de fondo tan férreo, añejo y perdurable. Bigelow es una
realizadora de
trinchera, una amante del cine de acción que, como tal, busca doblegar
su
discurso cinematográfico hacia un terreno cargado de honestidad y
cierto
efectismo.
Si nos remontamos a su segundo
filme, Los viajeros de la Noche (Near Dark,
1987), ya hallamos esas
constantes de linealidad argumental que caracterizarán sus historias:
una
enorme perspicacia a la hora de retratar a personajes a la deriva,
inadaptados
y socialmente repudiados, así como la incorporación de los estilemas
del
western, unas veces imitando la síntesis narrativa de Antonhy Mann,
otras el
retrato del compañerismo de Howard Hawks y, casi siempre, aportando una
mirada
sencilla, certera, de artesano que optimiza los recursos y guia los
ojos del
espectador hacia aquello que es imprescindible y útil para la
experiencia
cinematográfica. Bigelow deja entrever a Robert Aldritch, a Sam Fuller
e
incluso a Walter Hill, pero su cine nos adentra en experiencias
jóvenes,
radicales y cargadas de adrenalina.
La modernidad en la obra de
Bygelow llegaría con un
irreverente filme de forajidos surferos, casi una ’revisión’ de Easy
Ryder para tiempos descafeinados. Le llaman Bodhi
(1991) abría una década
para el cine de acción que se abocaba a un manierismo autocomplaciente
del que
Bigelow dio cuenta sin traicionar su ideario, el filme, interpretado
por Keanu
Reves y Patrick Swayze estaba concebido como un sugestivo clip que
concedía un
grado de leyenda a un ladrón de bancos chiflado por las olas, casi un
Billy el
Niño para fans de Red Hot Chili Peppers y Soudgarden. Después llegaría Días
Extraños (Strange
Days, 1995), un poderoso film sci-fi que nos adentraba en
el territorio de la realidad virtual también desde un tratamiento
crepuscular y
excitante en lo formal. Más tarde, con el thriller psicológico que
adapta el
best-seller de Anita Shrev, El peso del
agua (The Weight of Water, 2001),
la realizadora daría un paso objetivo hacia un cine de mayor
complejidad
emocional en un anhelo de madurez cinematográfica que halló un
paréntesis de
razonable compensación comercial en la efectiva odisea submarina K-19
(Id.,
2002).
En
tierra
hostil
(The Hurt Locked, 2009), es el
último filme que nos llega de esta
realizadora de porte exquisito, discurso equilibrado y marcado
carácter;
estamos ante un filme bélico de aristas clásicas, claramente
hawksianas, y es
que como en Sólo los ángeles tienen alas
(Only angels have wings, 1939;
Howard
Hawks) estamos ante una brigada de élite del ejército norteamericano
que vive
enganchada al peligro, cada incursión en territorio enemigo representa
la dosis
de una sustancia que les convierte en seres humanos de préstamo, seres
con un
pie en la tumba, hombres que muerden el polvo cada día para levantarse
y vivir
quien sabe si unas horas más. El sargento William James (Jeremy
Renner), de la
compañía de artificieros destinada a las calles de Bagdad tiene esa
sombra de
malditismo que casi le convierte en un muerto en vida, como los
vampiros de Los viajeros de la noche,
pero el relato
de Bigelow lejos de caer en el sentimentalismo o en el subrayado nos
adentra en
este mundo terrorífico, cruel e hiperrealista de la guerra y sus
efectos en
aquellos que la padecen y la generan. En
tierra Hostil, no es Jarhead, el
infierno espera (Jarhead,
2005)
de Sam Mendes, no procura un retrato de la juventud atrapada en un
ocaso de
violencia, los protagonistas del filme de Bygelow son hombres que ya
han estado
en el infierno y han regresado en llamas en varias ocasiones.
Por tanto no estamos ante un
filme antibélico ni ante
un panfleto patriota, tampoco ante una simplista denuncia que contempla
los
efectos colaterales. En tierra Hostil
es un western poderoso que coquetea con el horror psicológico, un filme
de
género que funciona como uno de esos entramados de cables, masilla y
metralla
que los chicos de la brigada deben desactivar en una plaza pública ante
la
mirada de decenas de intrigantes manipulando teléfonos móviles.
El filme de Bygelow es
extraordinario, conciso, de
una aplastante belleza visual y un nervio que anestesia al espectador.
Al
margen de esas detalladas operaciones que nos disecciona el filme de
manera
portentosa, cabe señalar que En tierra
hostil es también el retrato de un inadaptado, de un héroe
que ha salido
indemne de la batalla pero que es un desgraciado como padre y marido:
véase esa
escena en el supermercado, a la vuelta de la contienda, en que el
Sargento
William James casi pierde la razón ante la decisión de escoger unos
cereales
entre una docena de una estantería: lo cotidiano es el infierno, como
en Días Extraños.
Tambén se intuye algo en este
filme de El cielo y la tierra (Heaven and
Earth, 1993) la exquisita
película dirigida por Oliver Stone que nos retrata las secuelas de la
guerra
como una manera de percibir el mundo y el factor humano, algo que la
emparenta
a Bygelow con el cine honesto reflexivo y maduro de un Stone demasiado
intermitente. Lo que si queda en evidencia es que En tierra hostil se
distancia
en tono e intenciones de otros ejercicios fílmicos orquestados por
manos de
prestigio como las de Riddley Scott (Black
Hawk derribado) o Brian De Palma (Redacted).
Tampoco nos llevemos a engaños,
no estamos ante el
relato caústico y desesperanzador del Sam Peckinpah de Grupo
Salvaje (The Wild Bunch, 1969), aunque Jeremy Renner en
ocasiones nos pueda evocar la mirada de depredador condescendiente del
Pike
Bishop interpretado por el gran Willian Holden.
A pesar de su dureza y de una
manera impúdica y sana
de mostrar las máculas del ser humano a través del oficio de las armas,
Bygelow
siempre concede un elemento esperanzador a sus filmes, un placebo
singular que
el espectador agradece en un filme que comienza con un estallido de
trazos
visuales portentosos, nos sacude y casi nos contagia con su venérea
transfiguración
de la violencia. Pero ese éxtasis que procura en el espectador el
estilo
deslumbrante de En tierra hostil,
ténganlo presente, también conlleva el malditismo de Sólo
los ángeles tienen alas. Kathryn Bigelow ha desactivado una
carrera irregular e intermitente mediante un artefacto cinematográfico
perfecto, una estimulante obra maestra.
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