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Ni príncipes ni azules
Cartel de la obra de Rosa Valentina Sáez. |
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Titania Producciones
Ni príncipes ni azules es una obra de teatro cómica, en clave de clown, que ironiza sobre los ideales románicos de los cuentos de hadas que forman parte de nuestra cultura y por tanto, de nuestra forma de entender y de vivir el amor.
Pero este no es un cuento de hadas.
Es una reflexión cómico-poética sobre nuestras locuras y fantasmas, obsesiones y mentiras, verdades y anhelos en relación al tema del amor y la pareja.
Los cuentos de hadas reservan un papel muy definido tanto para el hombre como para la mujer. La mujer tiene un rol esencialmente pasivo. La princesa ha de esperar quietita (si sale se pierde en el bosque) la llegada del príncipe que la liberará de dragones, brujas o hechizos.
El hombre, por el contrario, ha de superar duras pruebas y enfrentarse a terribles peligros para conseguir a su amor.
Las cualidades que definen a la mujer-princesa son su virtud (virgen, por supuesto) y, sobre todo, su espectacular belleza. Por su parte, el príncipe es galán y apuesto pero, por encima de todo, valiente.
Estos arquetipos femeninos y masculinos se repiten en la mayoría de las historias que nos contaron en la infancia y han influido, inevitablemente, en nuestra concepción de los roles sexuales; han creado referentes inconscientes admirados o detestados, nos hemos identificado con ellos o los hemos repudiado pero, nos guste o no, forman parte de nosotros.
El príncipe azul, la espera del cual es el punto de partida de nuestra obra, es un arquetipo, un mito colectivo y existe no sólo en los cuentos de hadas sino en el epicentro de muchas fantasías románticas. Llegará alguien maravilloso, por arte del destino, montado en un caballo blanco (o en su defecto, en un coche deportivo) que nos salvará para siempre con su amor.
El príncipe azul no pasa de moda, cambia de forma tal vez, de pantalones, pero reaparece una y otra vez en las revistas femeninas, en los blogs, en los perfiles de internet, en los chats, en las conversaciones de los cafés… Para muchos hombres y mujeres el príncipe azul es un ideal, el Ideal. Y no hay nada malo en ello, tan sólo que tal vez, mientras esperamos “lo Mejor” nos perdemos “lo Bueno”, por el futuro nos quedamos sin presente y se nos pasa la vida con la ilusión de un sueño inalcanzable, pues es bien sabido que lo ideal no existe. Mientras, los hombres que pretenden emular al príncipe se enfrentan con la frustración de no estar al nivel, al tiempo que buscan en vano a su “mujer ideal”.
Desde una u otra perspectiva el arquetipo del príncipe azul nos afecta a todos: homosexuales, heterosexuales, bisexuales o transexuales; como referente de perfección masculina y en un sentido más amplio como ideal romántico.
Por otra parte, el príncipe no matará nuestro dragón. El dragón simboliza nuestros propios miedos y sólo nosotros podemos vencerlos. Cada cual ha de vencer a su dragón, aprender a convivir con él, o quizá solamente comprenderlo.
Ni príncipes ni azules propone una reflexión irreverente sobre todos estos temas y sin alcanzar conclusiones ni moralejas, deconstruye el discurso establecido con la esperanza de que la risa nos haga un poco más libres y más felices.
Porque, como dice Roland Barthes, algunos mitos son muy antiguos pero eso no quiere decir que no puedan cambiarse. Podemos cambiarlos. Es nuestra vida, nuestra oportunidad, nuestro momento.
Así que en nuestra historia no hay príncipes ni azules: cambiamos el final y los roles y los ideales pero no perdimos ni una pizca de emoción y romanticismo. Y además, ganamos un montón de risas, de locuras y de sorpresas.
Sinopsis
Érase una vez…
Una payasa vestida de novia, espera a su príncipe azul desde hace ya 20 años.
Hoy celebra su cumpleaños en soledad. Sus amigas imaginarias le han preparado una fiesta sorpresa. Cuando se van, ella escribe una carta de amor para el príncipe y acaba amputándose un pie como prueba de que es la madre ideal para los hijos de su amado ausente.
El técnico del teatro es una persona normal con vida y gustos normales, que busca una chica normal para compartir una vida normal y que está harto de la actriz-payasa-novia.
La relación entre estos dos personajes antagónicos: uno anclado en la fantasía y otro pegado a la realidad, acabará en romance.
Pero antes, ambos personajes han de vencer a su dragón, morir simbólicamente y atreverse a vivir un amor, imperfecto pero real.
…Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
El espectáculo
Ni príncipes ni azules es un espectáculo dinámico, con un texto ágil y elocuente que imprime un ritmo frenético a su protagonista.
El juego dramático que se establece con el técnico, que está fuera del escenario, permite que el espectáculo se abra hacia el espectador, haciendo que la interacción sea más directa y abierta.
El técnico, personaje sin nariz, se identifica con la realidad del público; mientras Pimi, la actriz-novia payasa, sigue pegada a su mundo de fantasía y anhelos: el mundo de los cuentos de hadas e ideales de amor.
Esta combinación de códigos escénicos refuerza el tema central de nuestro espectáculo: ni príncipes ni azules.
El lenguaje de ambos personajes es cotidiano y transparente, permitiendo al espectador involucrarse en el ritmo de la historia.
El texto se combina con números musicales que subrayan el valor de determinadas vivencias de los personajes más allá de la palabra.
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