Julio Castro - laRepúblicaCultural.es
Probablemente, entrar de la mano de Fernando León de Aranoa a la gran pantalla es casi un éxito garantizado en la profesión hoy día, pero nadie llega a ciertas películas u obras de teatro por mero accidente o sin trabajarlo. Violeta Pérez hizo un pequeño papel en Princesas, pero ha hecho otras muchas cosas, ya sea en teatro, en cine o en televisión. Cuando la veo y la oigo hablar de sus personajes, no me cuenta lo que dice aquella, lo expresa en primera persona y en presente, porque lo asume y lo transforma con su personalidad: hace como una horma donde meterse. Tuve la fortuna de verla y escucharla por primera vez hace unos años en una recitación / representación de textos de Mario Benedetti a cargo de miembros de la Tertulia “Indio Juan”, que desarrolla sus labores creativas en el Ateneo 1º de Mayo de Comisiones Obreras, en Madrid. En aquel momento no me pasó por la cabeza la cuestión de entrevistarla, pero su forma de recitar tenía (y tiene) una fuerza que ahora he podido comprobar que trasciende al personaje y a su profesión de actriz, porque (con todas sus dudas como persona) tiene las mismas opiniones firmes y la franqueza de sus ojos al responder con sus opiniones no es distinta de aquella que da a sus papeles como actriz.
En una época en la que cada vez se opina menos acerca de lo que nos rodea, me sorprende ver a alguien de su edad con el nivel cultural que posee y con el compromiso social y político que percibo, porque es de la generación-post-X (que ya ni sé cómo se llama), entre los que cuesta cada vez más encontrar personas así.
Nada más probar el teatro tuvo claro que eso era lo que quería: “Mi padre creó un grupo de teatro en un centro cultural que lleva presidiendo desde hace muchísimos años, que es el Blas de Otero. Yo, no quería entrar en ese grupo de teatro ¡ni loca! Y le faltó una actriz, así que me dijo “haz solamente esta obrita pequeñita, con la que vamos a empezar, que no tengo más chicas…” Y lo hice para hacerle el parche de la actriz que faltaba”. Acaba de participar en el rodaje de la película “El patio de mi cárcel”, dirigida por Belén Macías, con Candela Peña, Verónica Echegui, Ana Wagener, Patrícia Reyes Spíndola, Blanca Portillo, Natalia Mateo, Maria Pau Pigem, Tatiana Astengo y Ledicia Sola. Esta es la primera parte de la entrevista realizada el 12 de diciembre.
¿Cuántos años llevas en la interpretación y cómo empezaste?
Entré en la escuela a los 18 años. Me formé en la Escuela de Juan Carlos Corazza y luego empecé a moverme profesionalmente, y llevo unos 7 años moviéndome profesionalmente.
¿En qué medio de trabajo te sientes más a gusto y cuál te parece más satisfactorio?
Lo que más me gusta como actriz, con diferencia, es el teatro. Es donde me siento más libre, donde me parece que puedo hacer un proceso más parecido a lo que más me gusta, que es desarrollar y canalizar una historia de forma orgánica y progresiva y, si puede ser, que empiece y que acabe cada día, también por la cuestión cronológica que tiene, por lo autónoma y responsable que me siento en el teatro (a diferencia del cine).
En el cine me lo estoy llegando a pasar bastante bien y en televisión bastante menos, porque tiene que ver mucho más con una fábrica, con algo mucho más programado. Tiene más que ver con otro tipo de trabajo que me da satisfacciones en otro sentido, pero no tanto en el actoral.
Has tenido buenos resultados, porque has participado en películas como Princesas, ahora estás con El patio de mi cárcel, pero también en teatro hay cosas que han tenido buen resultado ¿la casualidad o el trabajo?
El trabajo ¡espero! Siempre hay un factor como misterioso, que una no controla mucho y que no deja de ser algo… En fin, que mi primera película sea de Fernando León de Aranoa, y sea Princesas, dices ¡me ha tocado la lotería! Pero realmente siento que he sembrado, como una hormiguita que llevaba muchos años trabajando muy minuciosamente… Creo que es de las cosas que he hecho bien en la vida.
Me enfoqué mucho como actriz desde el principio y tuve muy claro que me apasionaba y que quería dedicarme a eso. Así que me entregué completamente, y creo que trabajé como una bestia, sinceramente. Por un lado, digo: es merecido lo que llega. Por otro lado, no dejo de dar las gracias porque hay algo de suerte… no sé, hay gente que trabaja tanto como o más y no le pasa esto. Estoy muy agradecida, pero creo que, sobre todo, tiene que ver con el trabajo: espero que tenga que ver con eso.
No sé cuántos premios has recibido por tu labor, pero ¿crees que los premios son fundamentales en la carrera artística o son algo más superfluo?
A ver, yo como actriz, como persona que se dedica a recrear historias para que otros se las crean, no necesito en absoluto un premio. Ahora, tal y como está distribuido el mercadeen este país y cómo va el tema de conseguir trabajo, creo que son necesarios para darte a conocer y que te salga más trabajo. Creo que no vienen bien para el ego ni para el proceso creativo: al contrario, creo que son atenta directamente contra el proceso de un creador (me parece). Me gustaría poder prescindir de los premios, porque bastante ego tenemos ya, bastante nos gusta llamar la atención y ser los protagonistas, como para que encima te den un premio: el ego ya se te dispara del todo. Pero para mí atenta contra el proceso creativo de meterte en la piel de otros, con humildad e intentar estar al servicio de una historia. ¡Claro que es agradable! El día de los premios de la Unión de Actores, yo estaba nerviosísima, quería que me lo dieran y ojalá me den muchos premios, porque los disfrutaré y me lo pasaré muy bien, pero si no hicieran falta para que una se pudiera hacer una carrera, sería lo mejor.
Estás en el rodaje de “El patio de mi cárcel” ¿crees que el argumento podría caer el algo hecho de mujeres para mujeres o quiere mostrar algo a todo el público?
Con esta peli no creo que caigamos en algo así. Es verdad que lo cuentan mujeres y es una cárcel de mujeres, pero de lo que trata es, sobre todo, de la libertad del ser humano, de la condición de estar preso. Son muchos los temas que se tocan, condiciones extremas, y el grupo de teatro que se forma en la cárcel les ayuda a tener otros horizontes y otros objetivos. En ninguna de ellas ese estímulo del teatro hace que cambien su vida o que vayan a mejor, salvo el tiempo que están en el grupo de teatro, pero todas acabamos como el “rosario de la aurora”. Tanto hombres como mujeres van a reaccionar de forma parecida.
¿Crees que el argumento es transponible a la realidad de un centro de reclusas, o no es tan bonito como se pinta?
Creo que se pinta de una forma bastante oscura (por lo menos tal como lo vivo yo, igual la directora te diría otra cosa). La cárcel hoy en día no es un lugar donde se reinserten personas, no está programado, defendido o elaborado como un lugar donde se mire a un ser humano y se intente que se reinserte, en absoluto. Me parece que son números a los que se trata por igual y muchos de ellos, pasado el tiempo en que se podían haber reinsertado empiezan a llenarse de más odio del que tenían al entrar, porque ya están bien y no les dejan salir.
Desde luego, se puede hablar con mucha más dureza y hacer una peli mucho más dura sobre la cárcel. Está claro. Hay mucho humor y mucha luz en esta película y, está claro que la cárcel es un lugar donde, probablemente haya esa luz y ese humor, pero no nos hemos metido a saco a hablar: no es el Expreso de medianoche.
¿Con la película te has acercado al conflicto de la política penitenciaria en nuestro país?
Me ha servido para acercarme a cómo está hoy en día el sistema penitenciario español, algo que desconocía. Pero mi padre es un señor que estuvo siete años en la cárcel con el franquismo, así que vengo de mucha impregnación carcelaria y de mucho conocimiento de lo que ocurría allí durante el franquismo, especialmente siendo preso político.
Tengo un vínculo con la cárcel muy claro, porque mi padre me habló deliberadamente de esto desde que era muy pequeña (afortunadamente para mí). Le condenaron a 13 años y un día por ser comunista y estuvo siete. Me ha contado en detalle lo que es eso. Hoy en día, por suerte, se está menos mal, porque no les torturan, como hacían con ellos, las celdas de aislamiento no son como aquellas. Pero sí, he aprendido muchísimo y además he estado en una cárcel dos meses, la de Guadalajara. Mi camerino era una celda de aislamiento.
Tengo un personaje que es presa, prostituta y heroinómana, así que me he acercado a tres realidades. La prostitución ya la conocía y si la peli me ha servido para algo ha sido para acercarme al mundo de la heroína.
¿Opinas que sirve de algo el sistema de prisiones actual?
Me parece que lo cambiaría por completo, lo que pasa es que tampoco tengo una solución, así que igual debería callarme. Pero me parece va en contra del ser humano y de reinsertar a cualquier persona: me parece que el porcentaje de gente que sale de allí con una esperanza de vida clara y de poder desarrollar una vida fuera, debe ser muy minoritario. Creo que el sistema actual ahoga al individuo como persona, no se desarrollan humana o espiritualmente como personas en ningún sentido, los vuelven peor de lo que eran.
Hay un documental que se llama Septiembres, de Carlos Bosch, en que uno de los presos dice algo como que “cuando llevaba aquí un año, yo ya me di cuenta de que estaba mal y no lo volvería a hacer, pero el hecho de que, porque mi condena fuera cinco, me sigan teniendo cinco en vez de darse cuenta de que en uno ya tengo claridad, estoy contenta, ahora puedo salir de aquí, construir algo, pero me van a tener cuatro años más en que me voy a llenar de rabia, me voy a llenar de ira y voy a ser mucho peor persona de lo que entré”.
Es una dinámica que ocurre con todos, y no hay una atención personalizada, los tratan como números, a todos les aplican lo mismo y por ahí es muy difícil reinsertar ¿Cómo vas a hacer que una persona encuentre algo luminoso y esperanzador en un sitio tan oscuro? Privar de libertad… hostia, hay maneras mucho más creativas de hacer pagar una condena. Estaba el caso de este juez de Andalucía hace unos años que a un chaval le condenó a aprender a leer y escribir. ¡Condénale a algo creativo, que la mayoría no son mala gente! Hoy día las cárceles están llenas de gente que pasa droga para poder pagar las cosas a sus hijos. Es que, como el problema es tan de raíz, habría que ver cuales son las bases en la sociedad para que esa gente no tuviera que recurrir a eso… ¡En fin, lo de siempre!