Julio Castro - laRepúblicaCultural.es
El desalojo matutino de Sol fue tan traicionero, inopinado y miserable como lo fue el primero, allá por el 16 de mayo. No me sorprendió, porque se dan dos circunstancias: la primera es que los gobiernos de este sistema son tan miserables, traicioneros e inopinados como ya sabíamos, así que una vez salido el matón Rubalcaba del ministerio de la represión, y aparentemente limpio su expediente (creo que ese no se limpia ni con sosa cáustica), el nuevo líder mundial de la miseria envía al gobierno que supuestamente dirige otro, para que hagan lo que él no podía hacer para no perder votos. La segunda es que, si en Mérida una foto ha desencadenado a la censura fascista, sin motivo ni razón, y nos quedamos tan tranquilos, ¿qué podíamos esperar de una ciudad dirigida por los herederos del asesino caudillo, próxima la visita del sinvergüenza de los faldones? Había que “limpiar la plaza”, para que la propietaria de las calles (heredera de Franco en todo), pueda recibir a semejante esperpento y hacerlo suyo.
Nada de ello justifica la destrucción del Punto de Información de Sol, porque Infosol era el acuerdo para el desalojo de la acampada en la plaza. Nada justifica el asalto a la democracia que se ha hecho en Madrid contra la pacífica ciudadanía que sólo ofrece resistencia con las palabras y las razones. Nada justifica que se bloquee por las policías del Estado y del Ayuntamiento la principal plaza y centro neurálgico de transporte ferroviario de la capital, para impedir el libre ejercicio de la democracia. Eso es lo que se hizo ayer en Madrid.
Un compañero y amigo me recordaba un dato: esto sólo ocurre en otra plaza, la de Tiananmen, donde se regula el acceso tras los sucesos de hace años, en que el pueblo chino reclamó democracia.
Viendo lo que sucedía en Madrid, miles de ciudadan@s nos dimos cita para poder entrar. Los perros del mayor centro comercial de la calle Preciados se encargaron de bloquear el acceso a la plaza desde sus puertas de salida, mientras además impedían el libre derecho de la prensa de fotografiar la calle desde sus cristaleras. Es lo que tiene el fascismo llevado a su máximo exponente: los que se enriquecen a costa de esto agradecen por medio de sus canes de presa a quienes les hacen el favor contra el pueblo. Lástima que quienes lo ejecuten finalmente sean, en definitiva, trabajadores (y lo pongo en masculino porque no vi ni una mujer policía o similar ejerciendo las medidas antidemocráticas de ayer: cuando menos, curiosa asunción de roles).
El cabreo entre la madera era también notable, y es de comprender: por los 90€ que les dan, decían, no compensa.
¿Cuándo hemos visto algo así un mes de agosto? Nunca. Alguien debería estar recogiéndose hoy las perneras de los pantalones para caminar entre ministerios, porque la han cagado del todo y van pisando entre su propia mierda.
De Sol decidimos ir a Callao. Cuando llego se ha ocupado toda la Gran Vía y caminamos tranquilamente hacia Alcalá y luego a Cibeles. Allí hay una macroestructura montada para recibir al cantante ese de los faldones: nos echan de nuestras plazas porque la gente y sus opiniones molestan mientras las ocupan con esperpentos para alimentar el pensamiento único.
Pasamos por Neptuno, y el acceso al Congreso de los Diputados, la casa del debate del pueblo, no tiene acceso al pueblo, como desde hace tiempo. Mientras pasábamos por el paseo del Prado me fijo en que el espacio que ocupaban l@s acampad@s, ahora está ocupado por los furgones policiales ¿dónde está la gracia del tema, pues? Cuando lo comento, un compañero del Grupo de Trabajo me dice: “lo de siempre, quítate tú que me pongo yo”.
Larga parada ocupando la plaza, par dirigirnos hacia Atocha, donde subimos en una manifestación de la que ahora sí que vemos la gran envergadura, gracias a la cuesta de esta calle. Por delante y por detrás hay una larga marabunta de gente que marcha hacia la plaza de Jacinto Benavente. Y es que volvemos a Sol. Todos hacemos gracias similares: igual les hemos despistado y ya no están allí. Pero no, tal y como pensábamos siguen manteniendo un control policial que impide acceder, y ahora están con los cascos puestos, porque ya saben que somos millares de personas. Lo que aún no ha podido asumir es que, a diferencia de ellos y de quienes les envían, nosotr@s no somos violentos, y lo hemos demostrado, por eso la actitud beligerante, porque este sistema sólo entiende de agresión contra la palabra. Lo han mamado y lo han generado, así que no saben de dónde surge este pacifismo que se encuentran.
Finalmente, sin dejar de rodear Sol, se toma la plaza Mayor y se hace una asamblea. Hoy la plaza central de Madrid aparece aún tomada por un control policial que decide quiénes son los buenos y quiénes los malos, para no dejar entrar a cualquiera ¿fomentando el turismo? Los trenes y el metro siguen cortados, no se puede llegar ni salir desde allí.
Me pregunto si van a mantener la situación de esta manera hasta que venga al papa de Roma, porque quedan dos semanas. Me pregunto qué piensan la mayoría de católicos acerca de la dictadura que se implanta para que venga su dictador. Me pregunto cuán dura va a ser la caída cuando el sistema, que está precipitando, se pegue el batacazo con nosotros a bordo y tenga que recurrir a la gente y a sus propuestas y modo de convivencia. No creo que seamos capaces de olvidar ni perdonar los ataques, desprecios y venganzas, porque ellos, siendo buenos meapilas, no fueron capaces de tener un poquito de humildad y dejar de lado sus “pecados capitales” (curioso lo de capitales en este contexto), mientras la mayoría pedíamos honestamente justicia y paz. Recordemos ahora y siempre que las calles son nuestras, y no de herederos de fascistas no convictos como Fraga, porque ahí vivimos, nos movemos, hablamos y trabajamos por una sociedad mejor de tod@s y para tod@s: venid a las plazas a compartir.
Parece que este es el nuevo orden social, el de la violencia contra las palabras. Sigamos hablando, que el viento sopla de nuestra parte.