Julio Castro - laRepúblicaCultural.es
Tres voces con caracteres diferentes, que se juntan para dar lugar a un grupo como The Tribulettes, donde la música entorno a la que se reúnen Paloma Soalleiro, Zaida Copado y Marina Ferrer adquiere una especie de cauce por el que discurren, aportando cada una su estilo y su manera de hacer e interpretar unos temas que nos llevan al soul, al funk, a unas épocas que, como compruebo cada día, está cundiendo en los garitos, a modo de retorno a un neoclasicismo con sabor al pasado siglo XX, desde sus inicios hasta los ’80..
En cuanto al estilo, esto es lo que tienen los comienzos de siglo y más, supongo, cuando son milenio, como es el caso. No es el hecho del conservadurismo en el pensamiento: probablemente los años ’20 eran mucho más atrevidos que los ’90, o la época del romanticismo mucho más que lo contemporáneo. Es en más la forma, el modo de recuperar los contenidos artísticos y culturales, donde podemos hablar del momento que vivimos en esta última década, cada vez con mayor intensidad.
Como digo, cada una de las componentes vocales del trío tiene su voz, su estilo y su lugar, y si la de Zaida es un sonido más franco y directo, la de Paloma, diría que es expansiva, acorde al desparpajo que le imprime a su estilo y al espectáculo. Pero ambas confluyen en una especie de guía central durante el concierto, a partir de una cierta mayor “sobriedad” en el estilo de Marina. Y entrecomillo lo de sobriedad, porque aparte de todo lo serio que tiene cualquier proyecto musical de calidad con intención proyectarse, casi todo lo demás es diversión, especialmente a partir del humor de la Soalleiro.
Acompañadas de un buen equipo musical, en el que encontramos a gente como Bob Sands, un gran saxo tenor que probablemente es un lujo tener en una banda, Santiago Cañada al trombón, que avala su participación en este dúo de vientos, con el resultado de su actuación; Alejandro Mateos en los teclados, Raúl Moya a la guitarra, Francisco López “Loque” al bajo y Dani García a la batería. Todos ellos cuentan con otras experiencias previas y paralelas en el panorama musical de nuestro país, y confluyen en este proyecto que, esperemos, no será efímero.
No sabemos si realmente el tema de Stevie Wonder, Sir Duke, va dedicado al de Palma, pero durante la actuación, Paloma Soalleiro (que tiene ese ligero humor incisivo), al terminar un tema detiene los aplausos y dice “perdón, me he equivocado, no volverá a suceder”. A partir de ahí, la coña se reproduce cada dos o tres temas, con gran jolgorio del público que, como es lógico, no puede ver en ella retratado al monarca diciendo esa misma tontería. Pero la corona no es el tema central de la noche, aunque traigan a eminencias de la música como Aretha, The Sweet Inspirations, Erika Badu, Etha James, o los propios King Crimson, por cierto, con un tema como Easy Money (un título que también viene bastante al tema ¿no?).
En fin, un recorrido amplio por una gran diversidad de temas entre el soul y el funk, pero también con sus momentos rock donde hay huecos para la pincelada de amor desgarrada, como el Take another little piece of my heart, que aunque no tuvo su origen en ella, Janis Joplin la hizo famosa, y que a mí siempre me recuerdan a Marta de la Aldea y Antonio Toledo en sus actuaciones de agosto. Por fin, tres temas de The Sweet Inspirations, que en cierto modo parecen las “inspiradoras” de esta banda y, especialmente del trío, como grandes músicas y vocalistas que acompañaron a algunas de las mayores figuras desde el soul hasta el rock.
A lo largo de este recorrido, cada una de las tres vocalistas tienen su momento para conducir sus temas eligiendo su mejor campo, y también para coordinar bien las voces, así como el resto de los músicos demuestran en conjunto y en solitario lo que son capaces de hacer. Llevan poco tiempo de trabajo en equipo, pero la experiencia promete.