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Sin tÃtulo
Obra gouache sobre cartón de Josep Renau, realizada en 1926, perteneciente al IVAM. |
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Julio Castro
– laRepúblicaCultural.es
A veces la vida da unos giros que llevan al lugar opuesto de
aquél que esperamos y tratar de de condicionar a los
jóvenes creadores puede
tener unos resultados realmente inesperados. Así parece que
ocurrió con el
joven Josep Renau que, hijo de un artista inmerso en una escuela muy
clásica,
fue introducido en ese mundo desde su infancia a fin de generar en
él una línea
continuista de lo que su progenitor hacía. Habida cuenta que
José Renal Montoso
era un restaurador (considerado como un mediocre pintor), profesor de la Escuela
de Bellas Artes de
San Carlos, en Valencia, las influencias recibidas por parte de su
hijo, José Renau
Berenguer, habrían de venirle de otro lugar.
Así, en 1920 y superado el examen de ingreso,
accede a la
Escuela de Bellas Artes a
la edad de 13 años, donde encuentra un conjunto de estilos
que poco podían
innovar en su pensamiento creativo. Es de suponer que, para un joven
que entra
en plena edad adolescente, encontrarse cara a cara con lo peor de
aquello que rechazaba
de su padre, por caduco y detallista de su labor, generase en su
espíritu artístico
una vena de clara rebelión que culminaría con la
expulsión temporal de la Escuela.
Y aquí es, probablemente, donde viene uno de los
sucesos más
definitivos que forjarían el tipo de obra que
describirá el estilo de Renau, si
bien, el carácter que ha de ir aparejado con ella
vendrá más tarde de la mano
de otras experiencias. Así, Renau padre decide ponerle a
trabajar en las Gráficas
Ortega, a modo de castigo por su expulsión y por su actitud,
gracias a lo que
el joven Renau, con sus 15 años, accede a otro tipo de
trabajos que apuntarán
ya a su labor de grafista y cartelista que habrá de ser el
que más le defina en
el futuro.
Regresado a Bellas Artes, consigue graduarse a los 20
años,
siendo premiado con algunos de los mejores premios con
dotación económica. Es
importante también conocer que en su rebelión fue
acompañado por otros
compañeros, entre los cuales Manuela Ballester, con la que
luego contraería
matrimonio. Es de suponer que este tándem
serviría para reforzar sus tendencias
artísticas y de opinión.
La trascendencia de esta primera trayectoria se hace
fundamental a la hora de comprender, tanto el estilo
artístico de Josep Renau
Berenguer, como el posicionamiento y el compromiso que
habrían de marcar toda
su línea de vida artística y política,
como puede comprobarse en el conjunto de
su obra.
Si bien algunas obras de su primera época pueden
servir para
corroborar aquel estilo impuesto por la época y por la
influencia paterna, además
de contrastar el dominio de algunos otros estilos más
primigenios, queda claro
que en la exposición a la que hacemos referencia sobre su
vida y su compromiso,
ese momento no tiene más trascendencia, ya que
rápidamente comienza a definir
su propio estilo, con las más claras influencias del
cartelismo en el que
estaba inmerso.
Entre 1925 y 1929 mantendrá esta línea
influenciada por las
artes gráficas para las que trabaja, con un estilo muy
propio, pero que habrá
de avanzar a otros planos. Sorprenden en la exposición obras
como el retrato de
mujer marcado como “Sin
título”. Se
trata de un guache sobre cartón del año 1926 que
parece trasladar el estilo de
Modigliani a los momentos del retratismo cubista. Tanto es
así que es fácil
observar concomitancias del diseño de la obra con obras como
el retrato de “Jeanne Hebuterne con
sombrero” o la con “Jóven
muchacha”, de Modigliani (por
poner tan solo dos ejemplos). Pero podemos observar
fácilmente esa síntesis de diseños
rectilíneos que marcan todo elemento que se sale de los
rasgos del rostro, bien
próximos al cubismo. Probablemente no entre esta
observación más que dentro de
lo meramente anecdótico, si bien sirve para recalcar la
facilidad y la
sencillez con la que aúna el autor sus influencias ya a una
edad tan temprana, consiguiendo
prestar al observador su imagen de conjunto de estilos.
La
obra de esta época, bajo la firma de Renau Beger (una
adaptación de su propio
apellido materno) es realmente sorprendente por la unidad que va
conformando en
los carteles que se han reunido para la exposición. Sin
embargo no deja de
experimentar estilos y técnicas, ya sea con las
estampaciones de tinta sobre
papel (el conjunto de “todos”
“no” “los”
“hemos”) u otras
obras como el tríptico
de 1929 que realiza con Francisco
Badía y Antonio
Ballester y que
lleva por título “Yo
soy el camino”.
En lo que a los carteles se
refiere, es
importante indicar el paralelismo existente con las tendencias de ese
momento
en otros lugares, baste señalar las similitudes (tal vez
influencias, tal vez
concomitancias de la época) con diseños como los
recogidos por la marca de
cigarrillos Gitanes, que se ve reflejada en diversas obras y distintos
momentos, como el “Cartel de fiestas
genérico”,
de 1930.
Pero este último
período se encuentra ya
enmarcado en otra época del autor, porque primero ha tenido
que pasar por
diversas experiencias. Así, es difícil concebir
en aquel momento que, un joven
artista como él sea apadrinado para realizar una
exposición de su obra en el Círculo
de Bellas Artes, a los 21 años, y con un tremendo
éxito.
Y pese al éxito, ya en
ese momento está
cincelándose en el joven artista unas influencias nuevas y
diferentes, con
aires que traen las influencias cubistas, pero también las
tendencias políticas
que le llevan a relacionarse con la CNT.
Es en
esta época donde ya ha comenzado a hacer colaboraciones con
revistas y
publicaciones en las que va dejando patentes también los
trazos de su ideología
que nunca abandonará los principios revolucionarios que
indicaban su carácter
desde bien adolescente en el arte, y que ahora se trasladan a la
actividad
personal y social.
De esta manera, el descubrimiento
de un libro
como El
arte y la vida social, del
socialdemócrata ruso Gueorgui Plejánov, llevan al
pintor al marxismo que le conducirá a afiliarse bien pronto
al Partido
Comunista de España. Pero esto va más
allá, dado que, como se puede ver,
traslada a su pensamiento y a su modo de vida la necesidad de ofrecer y
también
de exigir el compromiso del mundo del arte y de la cultura que, en
algunas ocasiones,
le enfrentará en dialécticas políticas
con sus coetáneos.
Es a
partir de esta época que ofrece una visión de su
obra más compleja y más completa, pero
además, lleva a cabo colaboraciones que,
de manera explosiva, van reproduciéndose en diversos medios
de la sociedad del
momento, como veremos en sucesivos artículos. De esta
manera, colaborará con la
Agrupació Valencianista
Republicana y se adhiere al “Manifiesto
dirigido a la Opinión Pública
y Poderes Oficiales”.
Ya estamos en la
España
de 1931.
Sigo
recomendando encarecidamente que se vaya a ver la
exposición mientras se tenga ocasión, pero
también que se revise el interesante
catálogo (más un libro da artículos
sobre Renau que un catálogo, pero que
incluye las obras) y la bibliografía de referencia, en tanto
haya posibilidad.
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