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Jaime Brihuega habla de Renau, porque Renau nos legó su compromiso
Entrevista al comisario de la exposición "Renau 1907-7982 Compromiso y Cultura"
 
 
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Publicado el Martes 25 de marzo de 2008, a las 13:19

El Búho: Compañía de Teatro
 
El Búho: Compañía de Teatro

Cartel de Josep Renau del año 1979. Fotomontaje, 38 x 52 cm. IVAM. Depósito Fundació Josep Renau.

 
   

Julio Castro – laRepúblicaCultural.es
 
Dos formas de ser en dos períodos distintos (solapados en el tiempo, pero no en las vivencias). Dos motivos para hacer una entrevista a Jaime Brihuega, que acaba por convertirse en ver a un Josep Renau, y a otros monstruos de la cultura que radicó en los principios del siglo XX y que desembocaron en una República española, que floreció en unos pocos años y que fue cortada de raíz en esta tierra, pero que no tuvo más remedio que desbordar en sus sobrevivientes exiliados. Pero que también dejó en el interior, pese a los criminales fascistas, un residuo, una base de riqueza cultural que nadie podría ya parar.
 
Y entrevistar al comisario de la exposición de Renau, es conocer muchos matices con toda la claridad posible, es ver cómo la herencia de dos seres que no han compartido una cultura, comparten otras cosas, como una Dirección General de Bellas Artes a más de medio siglo de distancia, como la oposición a la guerra, como es el compromiso frente al avance fascista y envolviendo esto y mucho más, la cultura, el arte.
 
Uno pintor, grafista, diseñador, cartelista, articulista, escritor, Renau. El otro historiador del arte, también escritor y articulista, profundo analista político en cuanto se le toca un poco, Brihuega. Ambos con un profundo conocimiento de la cultura, de la sociedad y con un profundo compromiso. Si a Renau le debemos tanto el salvamento de las obras del Museo del Prado, a Brihuega le debemos presenciar los trabajos artísticos de aquél y comprender cómo se refleja en ellos la ideología más profunda, conocer al Renau pintor, cartelista, grafista, montador fotográfico, político, escritor, impulsor de un movimiento cultural que habría de aunar y arrastrar a muchos, más allá del arte, más allá de la Exposición Universal de París, más allá del ensimismamiento del artista en una creación sin trasfondo y sin reflejo. Seguramente es la demostración de que Josep Renau hace carecer de sentido el coleccionismo del arte, por eso Jaime Brihuega lo saca de los fondos de archivos y lo airea por todo el mundo en esta exposición que ahora recorre España y, en breve, el mundo: el de Renau.
 
La entrevista constará de tres partes: esta primera sobre Renau visto por Brihuega; la segunda sobre la situación del mundo cultural desde la visión de un historiador del arte comprometido y la tercera vinculada a su visión de la situación política y las perspectivas para nuestro mundo actual.  
 
La recopilación y selección de una exposición con coherencia como ésta debe haber supuesto un gran esfuerzo ¿Por qué Josep Renau?
 
Renau es para mí una cuenta pendiente. Llevo muchos años dedicado a la investigación de la Vanguardia Histórica Española (valga la redundancia) y nunca había hecho nada sobre Renau. Llega el momento de hacer una exposición para conmemorar el centenario, surge un proyecto muy modesto que parte de la Fundación Guerricabeitia, de Valencia y cuando me lo sugieren, digo que siendo una figura estatal lo puede hacer la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales que se hace cargo de esto y pasa de ser una pequeña antología a ser una exposición grande.
 
Para mí, maravilloso, porque yo tenía dos deudas con él: una como historiador y otra ideológica, porque es un hombre con el que yo me siento muy identificado y con el que me sentí especialmente identificado cuando fui Director General de Bellas Artes, porque él lo había sido también. Pero, sobre todo, me puedo sentir muy pequeñito al lado de lo que hizo este hombre y las cosas que puso en marcha.
 
Para mí era en parte una obligación moral, y un placer en todos los sentidos. Mentiría si dijera que ha sido una exposición difícil: los fondos están reunidos en su mayor parte en la Fundación, así que mi labor como Comisario ha sido la perita en dulce de cualquiera “este quiero, este no quiero”, calibrar proporcionadamente todas las etapas del artista, todas las técnicas, todos los géneros de expresión, todos los extremos para ensalzarlo en el hilo conductor y, sobre todo, en el tema del compromiso, que es a lo que he dado prioridad como Comisario. En ese sentido no ha sido difícil y el resto, cualquier profesional sabe dónde están situadas y las bibliotecas, hemerotecas y museos han sido generosas. Difícil no, ha sido un placer.
 
Pero la selección es muy minuciosa, porque de la primera época que él mismo descartó no hay prácticamente nada, así que se ha centrado mucho en el tema Compromiso.
 
Claro, un artista que un buen día irrumpe en el panorama de la modernidad y triunfa, y un buen día decide no seguir ese camino, renunciando al arte en la expresión de la subjetividad o a lo que es el espectáculo del arte moderno en su tiempo (que ya lo es a finales de los ‘20, porque es el tiempo de la invasión del Art Decó  y la modernidad se ha convertido ya en un fenómeno de masas), da el giro y creo que la exposición lo marca muy bien, cómo a partir de una fecha, de pronto, prácticamente desaparece cualquier realización que no sea políticamente comprometida, salvo, como es lógico, aquellas que utiliza para ganarse la vida.
 
Es curioso que, esto último, alguien se lo ha echado en cara alguna vez ¡como si el 100% de los artistas no tuvieran que hacerlo!
 
Está bien que se sea duro con quien aguanta la dureza de la crítica.
 
Es casual la elección del tema o te sientes identificado con la posición en que se encuentra Renau por determinadas cuestiones?
 
Yo me siento muy identificado personalmente. Otra cosa es que las circunstancias políticas en que yo me tuve que mover no fueran las mismas. Él se movió durante la guerra, yo me moví durante…
 
¿otra guerra?
 
… la democracia. Al final hubo una guerra y, creo que recordando a Renau dije “pues esto requiere una actuación bélica”. Pero en el resto, sobre todo, esa política de fomento continuo de la imaginación que él llevó a cabo desde su puesto en circunstancias tan difíciles, era un poco mi orientación. Hubo dos personajes de la historia de España que me orientaban durante el tiempo de mi gestión política: Renau y García Maroto[1], que también fue un soñador (antes de volverse medio loco), y además un hombre que vio muy claro por donde debían ir las cosas, ya desde finales de los ’20, en una España republicana, sobre todo en la política del fomento y en la lógica de las actuaciones. En este sentido (ya ha pasado mucho tiempo y no hay ninguna continuidad con aquello) en mi fuero interno veo que es un homenaje a un hombre que hizo las cosas como debieran hacerse. Porque la labor de Renau como político de la cultura fue inmensa, no sólo es el Pabellón de París, que es lo que más conocemos, sino el Consejo Nacional de Teatro, el Consejo Nacional de la Música, la creación de la actual Orquesta Nacional se debe a él, ya que tiene su origen en su iniciativa en plena guerra civil… además, evidentemente, del salvamento del patrimonio histórico, por lo que supuso en el momento adoptar los parámetros de conservación de las obras de arte en tiempos difíciles, con esa corrección, con ese rigor y con ese entusiasmo popular. Eso es lo que hoy nos falta sobre todo.
 
Algunas obras marcan determinados hitos, porque parece que siempre se va adelantando a su tiempo. Hay algunas como la que proclama la libertad y el derecho al aborto que podría ser una obra de hoy ¿Toda su obra va siempre en esa línea de adelanto?
 
Sí. Hay algo terrible en Renau, porque cada una de sus obras es premonitoria de un problema que sigue en pie. Eso no es bueno, es muy malo. Pero demuestra como era muy certero en la elección de los problemas, es decir, el tema del aborto (que hoy en España nos preocupa, porque la última campaña electoral ha sido un tema de discusión y debate), pero también la marginación del tercer mundo, a la que él alude de una manera directa y frontal, con el tema de los mejicanos o el tema de “Sacad vuestras manos de Cuba”, el tema del imperialismo, que son temas que estamos padeciendo ahora mismo, la segregación racial, el papel de las finanzas en el deterioro del mundo, la venta de armas… son temas que en su momento eran capitales que él los elige, siguiendo la huella de Heartfield[2], que ya los había elegido en los años ’30, pero continúan adaptándose a los tiempos concretos que en cada momento vive y elige problemas que, desgraciadamente, siguen vigentes.
 
Lo que siente la gente que visita la exposición y lo que le sorprende es que son problemas absolutamente vigentes, es decir, que esas imágenes no son sólo imágenes perdidas en el tiempo, que nos llevan a otra época, que rememoran, otras sensibilidades u otras ideologías, sino que son perfectamente válidas en nuestro contexto. Y esto hace de él un artista de primera magnitud, cuando más, si va unido a un problema del lenguaje tan extraordinariamente moderno como el que muestra en cada momento: él se adelantó al Pop Art  en el tiempo, e hizo un Pop Art  “relleno de jamón”, no sólo el pan del bocadillo.
 
En tu opinión, ¿por qué se vuelca tanto en la denuncia de la hipocresía del capitalismo norteamericano, con la que llevaba lloviendo tantos años en España? ¿Quizá es más internacionalista que otros?
 
Completamente, y él lo hace, en primer lugar, porque se encuadra en un bando en la “guerra fría”. Sin dejar de ser absolutamente crítico con el mundo del otro lado del telón de acero, su posición estaba muy clara. Este lado del telón de acero, occidente, criticaba y fustigaba los horrores de oriente, y él equilibraba la balanza fustigando aquello que aquí ocurría. En este sentido, su posición respecto al imperialismo norteamericano, fue enormemente militante desde allí y coincidente con la izquierda occidental. Y además, aquello era la continuación coherente de la política que había hecho antes de la guerra. Antes era el nacional-socialismo alemán: después de la guerra, ese nacional-socialismo se solapa con el imperialismo yanqui, y en las series que hace en Alemania “Uber Deutchland” y compañía, habla precisamente de esas relaciones, de esa continuidad, de ese cambio de careta del fascismo, avalado por el hecho de que el imperialismo yanqui encontró en un fascista como Franco el mejor bastión para frenar el comunismo en Europa. Así que, se daban cita los grandes temas que él había tocado y encontraban una bestia negra, que encima sigue siendo la bestia negra en nuestros días.
 
Dices que era crítico y lo era con todo. Realmente, algunas discusiones le llevan a enfrentarse con gente que estaba de acuerdo con él, como es el caso de Alberto[3], al que insta a comprometerse más en su arte, porque dice que el pueblo no lo comprende. Pero, en cierto modo, el propio arte de Renau puede ser comprendido en la superficie, pero es complejo en el fondo ¿él es consciente de eso?
 
Sí, yo creo que es consciente de la espoleta retardada de sus mensajes. Sus mensajes son muy directos, los entiende cualquiera, los niños cuando llegan a la exposición, la gente fuera de su tiempo cuando piensas en otro momento, los entiendes en el tuyo cuando piensas en el tuyo. Pero luego hay elementos que, digamos, quien busca más encuentra más. En algunos fotomontajes de la serie “American way of life” no sólo se hace una crítica de la situación objetiva en los parámetros del contexto: también de la situación interior de los seres humanos aislados en la maraña selvática de las sociedades contemporáneas, esas soledades, se habla incluso de la depresión en uno de los fotomontajes. Es decir, su obra posee unos niveles de significado que superan el primer significado fácil y evidente y continúan repercutiendo cuando alguien se aventura en la lectura de sus obras.
 
No obstante, la polémica con Alberto era una polémica muy clara, en el caso de la Escuela de Vallecas, que es esa abstracción comprometida en el fondo, pero de difícil acceso en superficie, lo que él critica como una fórmula que cree que no está al alcance de la comprensión de las masas. Pienso que Renau se equivocaba en este sentido: el gran público puede entender la abstracción, a Miró, a Alberto Sánchez[4], sencillamente con dejarse ir, con romper el prejuicio de no acceder.
 
Y esto, en los términos de la polémica (no sólo en las posiciones concretas que cada uno adopta, sino en el desarrollo de la misma) se deja ver. Cuando uno lee el texto a la larga, es riquísimo. Yo he pensado muchas veces que era una polémica fingida, de acuerdo entre dos camaradas, pero me consta, porque he hablado con el hijo y con la mujer de Alberto Sánchez, que él se vio tan sorprendido en la realidad, como muestra en el pequeño texto en que le responde ¡Hombre, no es para tanto!, yo creo que no es momento de ponerse a discutir… Fue una polémica de verdad, y creo que eso le da espontaneidad y riqueza.
 
Pero con ser ejemplar una polémica de verdad, con luz y taquígrafos, en el interior de la izquierda mostrando sus contradicciones, cuando ocurre en plena guerra civil en la otra polémica con Ramón Gaya[5], realmente es apasionante y creo que es uno de los ejemplos más brillantes de libertad de pensamiento que se han podido dar en la historia reciente del mundo occidental.
 
Lo cual no significa que veamos que uno se mueve por un tipo de consignas y otros por otras. ¡Claro que hay consignas! Pero en una España combatiente, en uno de los bandos que combaten, mostrar a cara descubierta cuáles son las contradicciones y los debates internos, creo que es de una riqueza excepcional y un verdadero ejemplo, porque ni siquiera en las sociedades democráticas esto ocurre. Acabamos de pasar unas elecciones ahora mismo y, los verdaderos debates, a veces han sido ocultados por los “partes temáticos de los debates”. Ha dado miedo el debate real y se ha hecho ese debate figurado en el que cada uno adoptaba un papel y era un poco acartonado. Creo que en este sentido hay cierta riqueza de los años ’30 que deberíamos recuperar  que volvería a inyectar de savia generosa nuestro tiempo.
 
¿En cuanto a la parte artística de Renau, prefieres al diseñador, al cartelista o al pintor?
 
Creo que no se pueden disociar uno de otro. El Renau pintor es muy ocasional, incipiente. Lo que hizo en México fue un intento que duró apenas año y medio y abandonó inmediatamente. Era muy interesante ese surrealismo melancólico, muy en concomitancia con todo el surrealismo del exilio y demás, pero digamos que el Renau pintor no existe. Hay un Renau grafista y diseñador que se expresa con todos los medios a su alcanza y que, hoy, sería un maestro del Photoshop, y lo tendríamos en la red, y lo tendríamos quitándole al graffiti todo ese academicismo Hip Hop inoperante y completamente absurdo y contaminante sin más y transformándolo en algo expresivo que llegara realmente.
 
Al que prefiero es al Renau para el que los medios son eso: medios al servicio de la eficacia, en el sentido absoluto del término, para un fin determinado, que se orienta por la rosa de los vientos que tiene la libertad solidaria, la igualdad, la imaginación y, por qué no, el placer, como puntos cardinales. Porque hay que ver cómo se le escurre ese placer tan valenciano, esas mujeres tan abundantes, que realmente denuncian que está gozando, no sólo ideológicamente, cuando trabaja. Creo que él está en esa rosa de los vientos correcta, que todos debíamos tener.
 
¿Colocas esos dos óleos de los años ’40 en la exposición, al igual que algunas obras del principio, como ejemplo de que experimenta con esta técnica?
 
Sí, pero la deja, acude a la tijera y, lo mismo que cuando hace los primeros fotomontajes echa mano de las publicaciones de su época, pero las publicaciones han cambiado y tiene todo el imaginario de la comunicación visual masiva, palpitante, y echa mano de él porque es mucho más eficaz. Como le ocurrió al Pop Art , hacía un guiño cómplice al espectador culto, diciéndole “dame la mano que vamos a transgredir y bajar a los burdeles de la comunicación visual masiva y vamos a experimentar una transgresión: abandonamos las bellas artes, nos paseamos por la mugre de las masas y volvemos” con una ironía del tipo que sea. Él utilizó la misma técnica, pero diciendo “te voy a mostrar imágenes que conoces, ya sé que conoces el significado general: yo tengo este otro significado”. Y no sólo nos hacía desembocar en una transgresión del recinto de las bellas artes, sino de los valores hegemónicos y dominantes. Algo mucho más duro en este sentido.
 
¿Crees que hay algún símil o algún parangón actualmente con el autor?
 
No lo puede haber. La maquinaria de nuestra visión del arte ha crecido de tal manera y se ha sofisticado tanto que es capaz de devorarlo todo. Si alguien propusiera una ejecución pública y consiguiera los permisos administrativos suficientes al día siguiente tendríamos una galería que…. Es decir, creo que el arte ha muerto, no como pronóstico Hegel, porque él defendió su historicidad, es decir, avaló el concepto de modernidad que en su tiempo había defendido Baudelaire, pero el arte ha sido acorralado y devorado por los medios de comunicación de masas que han ocupado los papeles que otrora tuviera el arte.
 
Y el arte, cuando ha querido sobrevivir ha tenido que salir de sótanos y galerías y convertirse en espectáculo de masas. El Guggenheim es un parque de atracciones artísticas para hacer soñar el sueño de lo oculto a las grandes masas. En este sentido, hemos echado mano de tantos medios, hemos roto tantos límites, que la ruptura de límites resulta un tanto ineficaz. No creo que hoy por hoy, desde la comunicación de masas, ni desde la comunicación visual artística se pueda lograr un efecto tan contundente como el que pudo lograr Renau en su tiempo. No porque quienes lo hagan sean menos que él, sino porque las condiciones han cambiado. ¿Cómo? Pues no sé como, si lo supiera no estaría aquí contigo, ni daría clase de Historia del arte, me estaría dedicando a ello. ¿Cómo podríamos usar la imagen artística o de la comunicación visual para cambiar el mundo? No lo sé, porque los campos de la comunicación visual están minados en todos sus territorios. Supongo que alguna vez alguien nos dirá cómo y tiraremos por ahí.
 
Pero no puede haber parangón, aunque existan artistas de su talla y de mucha mayor. La eficacia de la obra de arte ha perdido terreno, ha perdido su valor relativo en el mundo del imaginario que nos movemos, toda vez que, ya no sólo es real, sino que está duplicado con el imaginario virtual. Y la red no es “la gran esperanza blanca”, lo poderes han echado sobre ella sus zarpas con la contundencia necesaria, si no para controlarla, sí para que su descontrol camine por sendas y rutas perfectamente trazadas. Se nos puede hacer creer que gozamos de un alborozo democrático porque votamos en la red y aquello muere donde mueren los electrones que van por los cables y se acabó.
 
 
 




[1] Gabriel García Maroto (La Solana, Ciudad Real, 1889 - México, 1969), pintor, impresor y escritor español perteneciente a la Generación del 27
 
[2] John Heartfield (Berlín, 9 de junio de 1891 - 26 de abril de 1968), artista alemán antinacionalista de nombre original Helmut Herzfeld. Fotógrafo del período dadaísta, especializado en el fotomontaje,
 
[3] Alberto Sánchez Pérez (Toledo, 1895 - Moscú, 1962), pintor y escultor español. En 1927 fundó con Benjamín Palencia la llamada Escuela de Vallecas, que buscaba en Castilla su inspiración.
 
[4] Alberto Sánchez Pérez (Toledo, 1895 - Moscú, 1962), pintor y escultor español. En 1927 fundó con Benjamín Palencia la llamada Escuela de Vallecas, que buscaba en Castilla su inspiración.
 
[5] Ramón Gaya (Huerto del Conde-Murcia-, 10 de octubre de 1910 – Valencia, 15 de octubre de 2005). Pintor y escritor español, comprometido con la política republicana y miembro también de la Alianza de Intelectuales Antifascistas, tuvo una fuerte polémica con Renau en un intercambio de artículos acerca del arte y su necesario compromiso frente a su separación de la política (postura esta última que defendió Gaya frente a Renau), basándose Gaya en la trivialidad que otorgaba al cartelismo dentro del papel del arte.

  

 

IMÁGENES Y DATOS RELACIONADOS
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La soberanía de España, pisoteada por los yanquis Memoria de Alberto Sánchez El Búho: Compañía de Teatro

Jaime Brihuega es Doctor en Historia del Arte y ejerce la docencia y la investigación en la Universidad Complutense de Madrid. Tiene numerosas publicaciones (entre ellas, al menos siete libros de su autoría y más de una veintena en obras colectivas, además de innumerables artículos en revistas especializadas) relacionadas con diversos autores y tendencias, pero está principalmente vinculado a las vanguardias pictóricas del XIX y el XX. Ha desarrollado diversos temas en conferencias y publicaciones de libros y revistas acerca de los artistas relacionados con la II República y con la guerra civil española. Fue Director General de Bellas Artes durante una parte del penúltimo gobierno que presidió Felipe González, pero, junto con otros cargos públicos, prefirió abrir la polémica del debate contra la primera Guerra del Golfo (1991), anteponiendo sus principios éticos frente la guerra, a la conservación de sus privilegios como cargo público, por lo que fue rápidamente destituido por el entonces Ministro de Cultura, Semprún (que hizo diversas declaraciones apoyando la intervención española en el Golfo Pérsico junto a Estados Unidos), tras haber promovido y firmado Brihuega un manifiesto que, difundido bajo el titular Peligran la libertad, la justicia y la solidaridad llevaba la firma de 18 altos cargos del Ministerio de Cultura y exigía la retirada de tropas así como el cumplimiento de las resoluciones de Naciones Unidas y la convocatoria de una conferencia de paz.
 
Es responsable de la organización de numerosas exposiciones de las que ha sido comisario, él sólo o junto con otros como Juan Manuel Bonet, Juana María Perujo, Concha Lomba… y en los últimos tiempos viene organizando exposiciones de claro compromiso político, rescatando a muchos de los artistas que destacaron en su momento y fueron enterrados por el olvido del destierro y de la dictadura, pero no fueron apenas recuperados por la supuesta transición. Además de la de Josep Renau está en marcha la de Miguel Prieto, coetáneo y compañero del anterior en su obra y su compromiso.


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