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Paco saboreaba su café expresso medio dormido. Apenas oÃa el suave goteo de la vieja cafetera. El rastro de una gota llegó a sus dedos, suave y templada caricia de lÃquido…rojo. ¿Rojo? Paco despertó de golpe. Miró con aprensión la parte alta del armario, de donde surgÃa el rÃo de gotas carmesÃ. Abrió temblando y antes de caer en la oscuridad consiguió avistarla: allà estaba, sangrante, un ojo pendido, mechones de pelo impregnados de sangre, carne macerada en miedo, la cabeza de su vecino.
No sé, tendré que revisar eso de la sangre, y quizás el nombre, Paco suena muy de andar por casa. Y estarÃa bien colocar un chirrÃo de puertas, o una corriente de aire gélido. Ya ven! me pillan trabajando, queridos lectores. Sudando la gota gorda para participar en el I Certamen de relato de terror de la editorial almeriense "CÃrculo Rojo".
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