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ISSN 2174 - 4092

Los cuentos de la violencia, La donna immobile - LaRepúblicaCultural.es - Revista Digital

“No me he muerto, sólo duermo, nada grave, pero éste era el castigo por arriesgarme a salir. Ya puedo decir que soy una valiente, he soltado el lastre de las leyes monárquicas”. Así narra la situación inducida esta princesa durmiente sustraída para la dramaturgia de Rakel Camacho del relato de Giambattista Basile Sol, Luna y Talía. Vivimos en la cinta de Moebius, caminamos partiendo de un lugar para llegar, más tarde, al mismo punto. O bien para que quienes nos suceden, lleguen al punto en el que estaban quienes nos precedieron. La sociedad no mejora, sólo elabora patrones más complejos. Alguien debería encontrar el modo de construir unas tijeras enormes que cortaran esa cinta para que el camino quedase allanado, incluso aunque tenga fin, incluso aunque, caminando, caigamos al abismo: siempre será mejor que caer siempre en los mismos horrores.

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Los cuentos de la violencia, La donna immobile

Perdidos en la cinta de Moebius

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La donna immobile
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La inseminación de la durmiente (Trigo Gómez, Rakel Camacho y Rebeca Matellán). Foto: Julio Castro.

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La bella despierta y sus hijos (Rebeca Matellán). Foto: Julio Castro.

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Julio Castro – La República Cultural

No me he muerto, sólo duermo, nada grave, pero éste era el castigo por arriesgarme a salir. Ya puedo decir que soy una valiente, he soltado el lastre de las leyes monárquicas”. Así narra la situación inducida esta princesa durmiente sustraída para la dramaturgia de Rakel Camacho del relato de Giambattista Basile Sol, Luna y Talía.

Vivimos en la cinta de Moebius, caminamos partiendo de un lugar para llegar, más tarde, al mismo punto. O bien para que quienes nos suceden, lleguen al punto en el que estaban quienes nos precedieron. La sociedad no mejora, sólo elabora patrones más complejos. Alguien debería encontrar el modo de construir unas tijeras enormes que cortaran esa cinta para que el camino quedase allanado, incluso aunque tenga fin, incluso aunque, caminando, caigamos al abismo: siempre será mejor que caer siempre en los mismos horrores.

El documento dramático como herramienta

La dramaturga y directora aborda la idea original de Basile, como se ha hecho en otras ocasiones desde la escena, el cine o la literatura, pero no trata de reproducir o recrear una Bella Durmiente infantilizada, ni tampoco elaborar un horror moralizante. De nuevo aprovecha la ocasión para volcar en y desde el teatro documento, la realidad de una sociedad que se reproduce en círculo entorno a temas idénticos aunque los siglos pasen.

Rakel Camacho tiene su propio estilo a la hora de construir el teatro documento que muestra, de manera que no se limita a ejercer la narrativa de su investigación, sino que busca el punto intermedio para convertir realidades sociales, históricas o actuales, en caminos dramáticos que interesarán también por el argumento. En este sentido, creo que tiene mucho que ver con el Teatro Fronterizo de Sanchis Sinisterra, más alejado de otros teatros documentales más ejercidos en muchos teatros mexicanos y centroamericanos, que nos llevan a través de la descriptiva real. Lo que encontramos en propuestas como La donna immobile integra los objetos documentales en una narrativa próxima al tema, pero ya elaborada, a la cual construye un entorno diferente.

Tanto en el Fronterizo, como en el estilo de Eva Redondo Llorente, de Teatro Nuevenovenos (vinculada en su línea a Sanchis), se generan entornos incómodos pero estables, algo más cercanos a la narrativa, en tanto que el de Rakel Camacho trasciende lo incómodo para convertirse en agresivo, cuestión que contrasta con la idea de incluir la poética en su texto, así como en el ritmo de la acción. Genera un teatro falsamente dulce, pero en el que la agresividad no significa siempre transparencia, de manera que obliga al público a entrar, comprender e implicarse necesariamente.

La Intemerata Teatro y su directora, Rakel Camacho, ha abordado diferentes propuestas que no se pierden en los intersticios sociales, y que fluyen hacia las ideas que quieren mostrar, aunque aúnen distintos conceptos en cada argumento. Así, entre otros trabajos, hemos podido ver trabajos suyos como Lucientes, el reciente Al hoyo, o su dramaturgia de Aleluya erótica.

La lucha del equipo y su construcción

Rebeca Matellán es una actriz que afronta su trabajo sin reservarse nada en el traje de calle; así la he visto en donde la he encontrado, desde el movimiento armónico, desde el texto y su combinación desde lo físico. Es clara, directa y enfrenta al público en cualquier situación. Aquí tiene servido un estupendo papel para desarrollarse en todas las facetas, y encaja en la idea de Rakel Camacho, con la que también comparte escenario. Trigo Gómez, que puede ser el hombre sobrante entre el dúo, logra situarse en esa posición intermedia, desde la que se muestra superior cuando procede, miserable cuando lo desea y magnánimo cuando debe sobreponerse al resto.

De esta manera, La Intemerata Teatro consigue un trío actoral que en su dinamismo envuelve las varias historias que se recogen. A ell@s se suma Julián Sanz (Erizonte), que pone música original y la desarrolla en escena acompañando al trío.

Y sí , presenciamos una auténtica lucha entre todo el equipo, porque estos personajes no se limitan a la narración, como tampoco se pierden en la muestra documental, sino que construyen y son construidos por el horror de las situaciones, sin detenerse a mirar lo que dejan atrás.

Además de la música en directo, en el escenario se juega con elementos actuales y diversos, pero también con algunos vestuarios reconvertidos a partir de la emulación de “clásicos Disney”, con máscaras, con numerosos elementos de simbología diversa y con la proyección de video.

Un argumento entre el sueño de la razón

Precisamente, la idea de una o dos mujeres asesinadas a la semana en nuestro país, por más horror que suponga, es el simple reflejo de una realidad mucho mayor y acuciante en entornos íntimos y reducidos, que reconducen las carencias educativas generales hacia una mirada sectaria e interesada, donde los poderes se ejercen de manera desigual.

Como es evidente, en este caso no se aborda desde la idea de la muerte, sino desde la violación.

El rey ha tenido una hija, Talía, a la que los augures le dicen que si sale del palacio morirá. Para evitar su muerte, quedará en letargo: “se supone que ahora tiene que venir un príncipe o similar, darme un beso de amor verdadero y salvarme la vida, y yo bailaré con él y daré vueltas y más vueltas, aunque mi cuerpo estará entumecido…”, dice Talía, más para el público que para sí misma.

Talía duerme un sueño indefinido, hasta que un rey la encuentra, pero aquello no será un cuento de hadas, ni la sacará de su ensoñación, sino que dejará en ella una huella de otro tipo, que ambos ignorarán para descubrirlo más tarde.

Entre medias, el simbolismo de la escena, así como las alegorías del texto, desnudan a nuestra propia actualidad: “Si te roban la cartera no tienes que demostrarlo en comisaría, basta con decir que tus objetos han desaparecido y nadie va a desconfiar de tu declaración. Si te violan, sí. Entonces te toca abrir las piernas, mostrar los moratones y relatar cómo, cuándo y dónde. Hazlo con todo detalle. Porque todo es posible. Hasta mentir en algo así…”. Sigo leyendo y escuchando conversaciones sin fundamento acerca de las posibilidades de que todo se invente, de que las agresiones no existan o sean voluntarias: es gente real, de carne y hueso, no de cuento, la que habita esta sociedad descabezada. Luego, las noticias tratan de despertar al ciudadano desde el sueño de la razón, pero no se ven los mónstruos.

La bella durmiente de Disney y la Medea vengadora

El dulcificado relato de los estudios Disney danza entre las aberraciones que inventa, a fin de vendérselo a padres y madres antes que a niños y niñas. Sin embargo no somos capaces de discernir entre la idea de realidad sangrienta y patológica de un entorno familiar criminal, frente a la otra realidad, la de la agresión por el hecho de ser mujer. Los dulces autores estadounidenses eligen despreciar la idea de la mujer agredida sexualmente, frente a la del personaje inmerso en el crimen familiar. La diferencia está en la de despersonalizar el hecho mujer, mientras que la otra no es políticamente correcta.

Aquí, en la creación de Rakel Camacho, la incorrección política mana del hecho tangible y diario de la agresión, y le añade la desmitificación de un poder superior encarnado en una corona, que genera las reglas, las sanciona, las salta y las perdona “Te amo. Un amor con la fuerza de un joven y el cuidado de un adulto. Yo soy un rey, yo dirijo un país, no puedo estar loco. Ella bebe. Qué bien que te hayas dado cuenta de que tu existencia en esta historia me la debes a mí, sólo a mí”. Es el discurso de alguien que no tiene cura ni perdón, pero que tampoco lo precisa.

Aunque en el breve relato de Giambattista Basile se recoge, no quiero recrearme en el desarrollo de los contenidos, que la dramaturga profundiza, pero sí es preciso incluir el contraste de la mujer agredida, con el de la Medea, mitificada en un papel irreal, que aquí también sufre el intencionado castigo de ser cruel, frente al daño de los celos. No hay perdón para Medea, como tampoco lo reclama el responsable: es la descarnada realidad social de la obra.

No hay disculpa para de varón

No quiero dejar de hacer una observación: en el original (ignoro si seguirá en los sucesivos), un texto de varón disculpando su actitud en nombre de todo el género masculino, trata de redimir y transformar. En este caso creo que, inapropiadamente, se desarrolla una figura que de tan histórica es falsa. La encontramos en o alrededor de falsos arrepentimientos de Sade, como en otros textos de autores que aborden el tema. Pero también es fácil encontrarlo en la vida real, en un esfuerzo que, de tan manido, provoca el efecto contrario.

La idea del hombre bueno, frente al hombre malvado no es factible, por cuanto que las actitudes se sanan desde la sociedad y su cultura, no desde el arrepentimiento. Las individualidades no marcan cambios sociales, en tanto que las corrientes de conducta son las auténticas sanadoras. Desde mi punto de vista es un lugar de quiebra en la intención de la obra, fácilmente subsanable, no sólo con la eliminación del mismo, como, incluso, dando la vuelta a aquel para tergiversar la intención, hecho más plausible en el contexto de la obra.

La construcción coral del texto

A la idea se han aportado textos de diferentes autor@s (la mayoría mujeres), que se completan y ensamblan desde las letras de la dramaturga. Entre éstos, pone cierre un fragmento original de Angie Martín, posiblemente, piedra de construcción desde donde crece el propio montaje. Es breve, directo, sencillo y personal, lo leí hace un tiempo sin imaginar que terminaría ahí, pero es suficiente para saber que aloja la esencia de lo que la propia Rakel Camacho imagina, crea, amplifica y eleva en escena. Este es un fragmento, el resto ya forma parte de la obra “Hola, soy Angie. Me gusta bañarme desnuda, no llevar sujetador, enseñar la espalda. Defiendo la libertad de los cuerpos por encima de todas las cosas. Suelo acariciar a la gente que me gusta. Creo que la piel es lo más bonito que existe […] Si tú me manchas; si te crees con derecho a tocarme solo porque me muestro como soy; si piensas que lo que pretendo es que vengas y me llenes de saliva, que me rompas, que me dejes tirada en el suelo con toda mi vergüenza a cuestas, es que lo que te enseñaron en casa fue cualquier cosa menos respeto […] Somos muchas. Somos tu madre y tu hermana y tu novia y tu hija. Ven a buscarnos y te enseñaremos que la vergüenza es solo tuya y que nosotras no tenemos que cargar con ella nunca más. Porque la piel es nuestra y nadie tendrá derecho nunca a marcarnos como caballos.

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Había otra vez… Hace justo un año, los medios de comunicación se hacían eco de la violación en manada de San Fermín. Que las violaciones a mujeres suceden desde el principio de los tiempos, es algo que todos sabemos y que nunca acaba, como tantas otras pesadillas.

A partir del cuento original de La bella durmiente (Sol, Luna y Talía de Giambattista Basile, 1635), La Intemerata se mete de lleno en el tremendo jardín de las violaciones sexuales, con la cantidad de conflictos que ello supone. En el cuento original, Talía se duerme virgen y despierta madre de gemelos.

A través de un intenso y profundo trabajo de investigación, la compañía brinda al espectador un diálogo de reflexiones con el que buscan estimular su mente y su alma.

Fecha: el Jueves 20 de julio de 2017

Horario: a las 20:30h

Lugar: Sala Nave 73 - c/ Palos de la Frontera, 5 -Embajadores- (Madrid)

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Fecha: el Jueves 20 de julio de 2017

Horario: a las 20:30h

Lugar: Sala Nave 73 - c/ Palos de la Frontera, 5 -Embajadores- (Madrid)

Más información:

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Fecha: el Miércoles 19 de julio de 2017

Horario: a las 20:30h

Lugar: Sala Nave 73 - c/ Palos de la Frontera, 5 -Embajadores- (Madrid)

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DATOS RELACIONADOS

Texto original: Giambattista Basile (Sol, luna y Talía)
Dramaturgia y dirección: Rakel Camacho
Intérpretes: Rebeca Matellán, Trigo Gómez, Rakel Camacho
Espacio escénico: Ana Montes de Miguel
Espacio sonoro y músico en escena: Julián Sanz (Erizonte)
Iluminación: Mariano Polo
Coreografía y movimiento: Patricia Torrero (Arrieritos Danza)
Katana: Javier Lillo, Álvaro Chicharro
Vestuario: Fila Cero Sastrería y La Intemerata
Ayudante dirección: Helena Soria
Colaboraciones dramatúrgicas: María Folguera, Álvaro Vicente, Dolores Garayalde, Angie Martín
Producción: La Intemerata Teatro
Compañía: La Intemerata Teatro

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