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O si no hay dos bandos - LaRepúblicaCultural.es - Revista Digital

Desde primeras horas la violencia era desproporcionada, no tanto porque alguien esperase que un cuerpo antidisturbios haciendo registros supusiera un destrozo sin igual, sino por el descaro con el que todo comenzó en el registro del colegio electoral que correspondía al presidente del gobierno de la Generalitat. Nadie quiso desplazar las cámaras internacionales (desde las que se servía el material a estas otras cadenas), ni de hacerlo más discretamente y, aunque en un comienzo se desalojó a varios periodistas, parece que la intención era que se mostrara a toda persona conectada lo que depararía la fuerza bruta contra unas votaciones no deseadas por el gobierno de España.

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O si no hay dos bandos

El horror de la violencia contra el pueblo catalán

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Derecho a decidir
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Derecho a decidir

Miles de personas se manifiestan en la Puerta del Sol de Madrid el 1-O por el derecho a decidir del pueblo catalán y contra la violencia sufrida. Foto: Julio Castro.

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Miles de personas se manifiestan en la Puerta del Sol de Madrid el 1-O por el derecho a decidir del pueblo catalán y contra la violencia sufrida. Foto: Julio Castro.

Julio Castro – La República Cultural

Nunca hubo dos bandos, ese es el principal escollo que nuestra sociedad debe comprender, porque si no lo hacemos, acabaremos liquidando a quienes comparten nuestra vida. Lo correcto hubiera sido terminar con esa sentencia, pero no vamos de golpes efectistas, hoy no puedo evitar tratar sobre otros golpes, los que miles de ciudadanos y ciudadanas han sufrido el pasado 1 de octubre, es decir, los que les han querido impartir aquellos que se creen en posesión de la justicia y la verdad.

Seguí la jornada del denominado 1-O en diversas cadenas de televisión, ya que a través de redes sociales apenas llegaba nada fidedigno (por razones lógicas que luego he comprendido). Visto lo que había, era preciso optar por cadenas internacionales (BBC, TV5,…) o bien otras más cercanas como la catalana TV3 o la euskalduna ETB. A quienes han podido seguirlo desde estos canales, no les sorprenderá la crudeza de lo que lee o ve ahora, en tanto que sí lo hará el horror de opiniones bárbaras que justifiquen lo que ocurrió el pasado domingo. Desde primeras horas la violencia era desproporcionada, no tanto porque alguien esperase que un cuerpo antidisturbios haciendo registros supusiera un destrozo sin igual, sino por el descaro con el que todo comenzó en el registro del colegio electoral que correspondía al presidente del gobierno de la Generalitat. Nadie quiso desplazar las cámaras internacionales (desde las que se servía el material a estas otras cadenas), ni de hacerlo más discretamente y, aunque en un comienzo se desalojó a varios periodistas, parece que la intención era que se mostrara a toda persona conectada lo que depararía la fuerza bruta contra unas votaciones no deseadas por el gobierno de España.

Así continuó en escalada hasta medio día en que casi paró, no sabemos si por que ya consideraban “dada la lección por impartida”, o porque alguien desde otro país se escandalizara y dijera “¿qué estáis haciendo?”. Puedo asegurar que el horror desatado ya en días previos, arengando desde el más puro franquismo a violentar las instituciones desde las instituciones, y a la ciudadanía desde la fuerza de ataque, me desbordó y me paralizó igual que si asistiera al estallido de una guerra a las puertas de mi casa. Sigo en ese pseudo estado de shock y por eso tengo la necesidad de explicar la situación y lo que viene a continuación.

Llegó el día después

Hoy, día 2 de octubre, es medio día. Veo en TV3 las declaraciones de vecinos, vecinas, alcaldes y alcaldesas de lo que les hicieron ayer en sus pueblos en Catalunya. Cada uno va seguido del respectivo vídeo por si hay dudas. Gente herida, algunas personas aún llora. Un bombero apaleado dice "somos como ellos un cuerpo jerárquico y entendemos cómo funcionan, pero estos no, estos estaban disfrutando con lo que hacían". Y así se ve. Un alcalde cuenta "me identifiqué diciendo que era el alcalde, y ahí no hubo más, me empujaron y empezaron los golpes".

Hay necios que afirman que todo esto no ocurrió. No cuentan con mis respetos. Hay personas con capacidades mermadas que aseguran que “se lo merecen”, o que no tenía que haber niños (en las calles de sus pueblos), o estar en los colegios electorales (los de sus barrios), y que lo hicieron con el fin de delinquir: es mezquino y falto de respeto por la dignidad humana decir eso. E incluyo al gobierno, y a su ministro de interior, señor Zoido, que aún hoy no sabe que los cuerpos de seguridad de Catalunya no se llaman “mozos”, o bien trata de distanciarse y hacerse el gracioso desde su patético puesto de represor. El gobierno sabía lo que hacía enviando a cuerpos especiales como si fueran policía judicial, lo que ocurre es que son tan necios que no pensaron que el resto del mundo también miraba: ese es su nivel de profesionalidad, de conocimiento, de reflexión y de gestión política.

Por qué el gobierno sabía lo que hacía

El error de cálculo es evidente, pero ¿hay algo más detrás de la violencia gratuita contra la ciudadanía de Catalunya? Por supuesto que sí: la mentira y el engaño de trileros a todo el país.

Durante los últimos años se han abanderado soluciones mágicas, de esas que nadie pregunta “oiga, ¿y eso cómo se haría?”, sino que se asume que, si lo dice un presidente, o un lider de la oposición, es que no supone problema. La más fantástica de todas es la de la reforma de la Constitución, de manera que se cambie el modelo de Estado, para crear un sistema federal.

Dicha la frase mágica, todos se van a tomar unas copas y se acabó. Pero eso no es así de sencillo ¿por los votos del Congreso y el Senado?, ese sólo sería un escollo (ni siquiera el primero). En realidad el problema es muy complejo, hasta el punto de poder enzarzarse años en una propuesta sin solución alcanzable desde dentro del propio sistema.

Pero algunos se presentaron con la capa de mago raída, la varita sin pilas y el capirote (de burro, creo yo), para salvarnos de que otro gobernara… y finalmente acabar apoyando a ese otro.

La modificación de la constitución

Todo proceso de modificación legal tiene sus reglas y debe hacerse ordenadamente. El de nuestra Carta Magna tiene los suyos, que se pueden conocer y de los que se ha hablado en diversas ocasiones (modos de abrir un proceso constituyente, quién lo hace, plazos, formas, ordenamiento jurídico…). Esas cosas están muy bien, pero para eso es preciso saber si se está dispuesto y las consecuencias, es decir, a quiénes afecta y de qué manera.

Es importante conocer que una ley, y esta también lo es, tiene una estructura, una organización y un desarrollo dentro de su propio texto (al margen de los que deriven de ella). En este caso Preámbulo, Títulos, Capítulos, Secciones, Disposiciones, Artículos y apartados. El orden implica un sistema jerárquico de importancia en la propia ley que, desde el Preámbulo, que declara las intenciones de la misma, y que condicionará ciertas cuestiones, o el Título Preliminar, que define el modelo de Estado, su ordenación y marco de gobernabilidad, cuelgan los demás Títulos y subsiguientes apartados.

Hecha la estructura, los apartados no van al azar, sino que se disponen colgando de lo anterior, de manera que lo previo define y condiciona lo siguiente. Esta es la clave del asunto y, creo yo, el motivo por el que se ha violentado a la ciudadanía en las calles, y desviado la atención de una cuestión que no se va a resolver.

Dicen los tertulianos y tertulianas a la ligera en programas por doquier, que basta con cambiar el Título VIII De la Organización Territorial del Estado, donde se habla de las Comunidades Autónomas, para establecer un modelo federal. Falso, completamente falso. Para llegar a esa “sencilla reforma”, que afecta directamente a 22 artículos de la Constitución, previamente hay que pasar por otros 136 que la preceden y que tienen orden de prelación en cuanto que afecten a este apartado y a las competencias de las Administraciones Públicas y su gestión político-administrativa. Pero esto ya lo callan.

Y lo callan por un motivo mucho más importante: para esto sería preciso abordar la modificación al menos de los Artículos 2, 3 y 4, dentro del Título Preliminar, donde se define la ordenación del Estado y su organización en Comunidades Autónomas y regiones. Y dirán: “pues, hágase”. Bien, abrir el melón de revisar el Título Preliminar, significa meter en el juego el Artículo 1, donde su apartado 3. dice lo siguiente “La forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria”.

No voy a extenderme en el resto de temas que se abordan, porque a partir de aquí deriva todo el reordenamiento de poderes del Estado, que nadie desde dentro del propio sistema está dispuesto a revisar, por no perder su sillón y su modo de vida cómoda.

Pero, en serio ¿alguien cree que el monarca firmaría la posibilidad de perder su puesto y prebendas vitalicias de toda la familia? Yo creo que no, y que esto sería regresar a 1931, abriendo la posibilidad a la verdadera democracia para nuestro país: y así no va a ocurrir.

Palos en las calles: protestas por la violencia

Pero mientras tanto está bien que se prometa lo que sea a la gente. Está muy bien que el portavoz de uno de los principales partidos de la oposición, quien no ha querido desbancar por la izquierda al gobierno ultraderechista actual, siga afirmando que ellos, cuando ganen, propondrán a Catalunya un Estado Federado. Ni siquiera voy a detallar la traducción de “federarse” y la voluntariedad de la cuestión, porque no llegamos hasta ahí (al menos con este sistema). Lo más indignante es que saben que juegan con el tiempo y con la compra-venta de votos, y que se aprovechan de la ignorancia de muchos (igual que otros se pueden aprovechar de otras ignorancias, claro).

Mientras esto ocurre entre cómodos sillones y cámaras de televisión sosegadas, la gente se ha cansado. Se ha cansado del atraco a mano armada de los propios políticos, de sus bancos, de sus inmobiliarias, de sus industrias energéticas, de su sanidad privada y de sus escuelas y universidades elitistas. Pero se ha cansado de que le prometan cosas que no ocurrirán espontáneamente en su vida.

Lo que ocurre es que el derecho a la expresión es un concepto básico de cualquier democracia, y así nos lo inculcaron cuando querían los votos para sus elecciones. Y lo aprendimos. Y hace pocos años aprendimos que también somos capaces de autoorganizar la sociedad, mientras ellos organizan y se reparten sus sobres, así que la ciudadanía catalana descubrió dos cosas: una, el concepto de identidad histórica le daba capacidad para unirse entorno a una idea (acertada o no, eso no se puede juzgar) y dos, eran capaces de montar un sistema electoral propio y con garantías sin depender del Estado español. Si alguien se entretiene en investigar estos días cómo se ha hecho el tema de las urnas, las papeletas, los sobres, o de la propia votación de Puigdemont, o el escondite del material, o el lenguaje secreto ideado para no ser descubiertos por escuchas, sabrá que eso no lo montó el estamento del Govern, porque no tiene capacidad, recursos ni autoridad para imponerlo.

En la encrucijada entre la farsa de la reforma constitucional y la realización de un referéndum popular, el Gobierno de España tuvo que montar un escenario llamativo, uno que desviase la atención de lo primero y que, a la vez, desbaratase lo segundo. Y ahí entró la violencia de la policía nacional y de la guardia civil. Estos últimos han actuado como borregos al servicio del gobierno Rajoy sin saberlo, está claro, pero se han deshecho en violencias que nunca se les hubiesen permitido en otros momentos o situaciones contra población civil pacífica y desarmada. Podría hablar sobre métodos, procedimientos y barbaridades, y decir que de las actuaciones que he visto en los videos, la mayor brutalidad que se observa es la de antidisturbios de la policía, pero que la mayor agresividad estuvo en los cuerpos de la guardia civil, por cierto, sin identificación en sus chalecos. Pero son tantas las violaciones de la legalidad, que no me entretendré aquí.

Y sí, por eso la gente de Catalunya ha recibido palos en las urnas, ante el horror de la opinión internacional.

El silencio cómplice

El día de la vergüenza y el día siguiente, son esos en los que apenas dos Alcaldesas con voz intervienen. Una especialmente afectada, como es la de Barcelona, Ada Colau, que sale a descalificar al Presidente del Gobierno por su cobardía y su ilegitimidad en lo que ha cometido, y la otra, la de Madrid, Manuela Carmena, que denuncia la violencia del Estado por no haber sabido escuchar.

El resto, como ya se empieza a decir, sólo es la ciudadanía. Porque los demás responsables políticos del Estado y de las Comunidades (salvo la catalana), tratan con eufemismos y paños calientes a los responsables. ¿Es que sus señorías tienen más miedo que los que vivimos las calles? ¿Es que su puesto, finalmente, vale tanto como para callar? Pedro Sánchez tiene, necesariamente, que ser consciente del engaño de su propuesta federalista y ha callado desaparecido en combate de la manera más cobarde. Los de Ciutadans no han tenido nunca reparos en apoyar cualquier actuación contra la mayoría de opinión de Catalunya. Podemos y confluencias me ha dejado muy en el aire, porque a las cosas las llamaban por su nombre, pero ahora me han faltado sus reacciones frente a la barbarie: con esto sí que hay que poner el pie a tierra. El resto baila el son de lo que toca en los presupuestos.

Y no hay bandos

Por supuesto que no hay bandos, nunca los hubo, en nuestra historia y la del resto de la humanidad, el establecimiento de bandos ha servido siempre de “pan y circo”, ya fuera en las disputas feudales del antiguo régimen, o en las del sistema capitalista del mundo moderno. La realidad es que hay dos clases sociales: la que nos explota y dirige y la que es explotada. El primer objetivo estaría en dejar de ser dirigidos, y sin eso no hay nada que hacer. Pero lo que nos venden es aquello de peleas entre pares por ideologías, de manera que alguien habla de “dos bandos” en la II República: y no señores, en la II República hubo un estado democrático y avanzado (con los fallos que se quieran señalar, pero democrático y avanzado) y el poder que, de nuevo, quiso aplastar cualquier cambio: no son dos bandos, es el puro poder aplastando gentes.

Hoy tampoco es así. Me repugna escuchar y leer que el Govern “lanzó” a la gente a un referéndum que no existió. O que utilizó a niños y ancianos como “escudos humanos”. Oiga, que la gente ha salido a la calle harta de que se les engañe, con objetivos comunes, porque su/nuestra idiotez, también tiene límites. Ya basta de insultar con paternalismos a todo un pueblo, y de chotearnos al resto como si fuéramos mentecatos. No soy nacionalista, ni siquiera catalán, por más que hable su lengua y varias más, de hecho, soy internacionalista. Su opción política de gobierno no es la mía, pero defiendo el derecho de un pueblo a decidir, y eso no es un “bando”. Pero cuando la violencia está en la calle, y unos lo sufren y otros la aplican, que nadie me "aleccione" con el mensaje de “es que los unos y los otros…”: los unos agreden, los otros sufren la agresión, porque los unos tienen la fuerza de las armas, los otros sus manos levantadas. No existe la equidistancia.

Y basta también de enviar mensajes falsos, porque el camino emprendido por los catalanes es válido para todo el resto, y el desaparecido jefe del estado español debería remojar sus barbas, y no queremos más mensajes desde el púlpito, que los dioses se terminaron y ya no otorgan poderes divinos.

Pero el horror está ahí para tod@s

Nada justifica la violencia. Habría que buscar declaraciones de cualquiera de los dirigentes políticos hace un tiempo diciendo esto mismo: nada. Pero menos aún la de aquellas personas que celebraron haber ganado una votación para ir a la guerra que destrozó finalmente Oriente Próximo, entre quienes estaba el propio Presidente del Gobierno.

He visto el programa con los videos que comentaba más arriba, y creo que debería verlo todo el mundo, y que TV3 o la cadena que sea, lo edite para completarlo y lo distribuya, y que eso acabe en un tribunal de derechos humanos con los responsables en el banquillo (que para eso se firman los tratados internacionales).

Lo vi y lo tengo en mi cabeza a cada momento, como el primer día de octubre también está ahí. Es terrible. Es una vergüenza y un horror. No quiero que me identifiquen con esa gentuza y con quienes les envían, ni que piensen que quienes no somos catalanes, somos como esas bestias. Me produce mucho asco, pero, sobre todo, me produce mucha violencia esto, me levanta la rabia y no es justo, pero creo que ignorarlo y dejar de verlo cuando ha ocurrido, es repetir lo que hicieron tantos alemanes en los años ’30, y que más tarde dirían que no se habían enterado de lo que hacían su gobierno y sus soldados. Me niego a ignorarlo o a ocultarlo. Cada cual que haga lo que quiera y luego asuma esa realidad sin ambages ni excusas.

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