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ISSN 2174 - 4092

No se buscan héroes ni heroínas - LaRepúblicaCultural.es - Revista Digital

Alguien pone una carita triste, otro, cara de enfado, el otro un ok, o la cara de sorpresa (menos habitual), acaban llenando el espacio. Y es que los amigos y las amigas están para eso, para mostrar su sentimiento de solidaridad con lo que alguien ha contado. Sí, una joven cuenta la acción violenta que ha sufrido hace un tiempo: un hombre, creo que su pareja, ni lo sé ni me importa, la agrede hasta tratar de asesinarla (sin intención ¿eh?, ¡sin intención!), sólo se le fue de las manos en el momento de la discusión. Lo de la violación vino después. Vamos, no sé si fue una violación, porque si no hay pruebas ni delito demostrado, igual sólo ha sido un exceso de afecto mezclado con esa discusión. Y cómo vamos a asegurar que hubo violación, ni violencia, eso lo dirán los jueces. Vamos, no lo dirán porque no se denunció, ella dice que tenía miedo (¡a saber si hay algo más!), y el caso es que lo ha contado, sin nombres, aunque la gente más cercana sabrá de quién se trata, claro.

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No se buscan héroes ni heroínas

¿Y tú que has hecho?

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La de machismos que hay
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La de machismos que hay

Y tú ¿qué haces?

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La de machismos que hay

Y tú ¿qué haces?

Julio Castro – La República Cultural

Alguien pone una carita triste, otro, cara de enfado, el otro un ok, o la cara de sorpresa (menos habitual), acaban llenando el espacio. Y es que los amigos y las amigas están para eso, para mostrar su sentimiento de solidaridad con lo que alguien ha contado. Sí, una joven cuenta la acción violenta que ha sufrido hace un tiempo: un hombre, creo que su pareja, ni lo sé ni me importa, la agrede hasta tratar de asesinarla (sin intención ¿eh?, ¡sin intención!), sólo se le fue de las manos en el momento de la discusión. Lo de la violación vino después. Vamos, no sé si fue una violación, porque si no hay pruebas ni delito demostrado, igual sólo ha sido un exceso de afecto mezclado con esa discusión. Y cómo vamos a asegurar que hubo violación, ni violencia, eso lo dirán los jueces. Vamos, no lo dirán porque no se denunció, ella dice que tenía miedo (¡a saber si hay algo más!), y el caso es que lo ha contado, sin nombres, aunque la gente más cercana sabrá de quién se trata, claro.

No hay más que expresiones de asombro, algún comentario de “mejórate”, incluso de “ya sabes que me tienes par lo que quieras”, y similares. Lo habitual. No hay abrazos, no hay preguntas claras (algún que otro “¿pero qué pasó?” incluso “me cuentas en privado”). Claro, abrazos no, porque las redes sociales no dan para más. Se acabó: la empatía con una persona que estará en el peor momento de su vida se resume en corazoncitos, pulgares hacia arriba, caritas rojas, lagrimillas pintadas… ¿en qué momento dejamos de llamar monigotes o monos a esos dibujillos que ahora quieren ser amigos y amigas? ¡Qué sabio es el castellano! (¡qué listas son las redes de control humano!).

Llevo un tiempo callando al respecto de una situación cada vez más opresiva, a fin de que no parezca polémica, pero hace tiempo que llegó el momento para otras cosas. Los últimos meses prometían escenarios de violencia soterrada, porque se ha tratado de tapizar todas las crisis bárbaras de este país y su entorno, a través de un tema que, por más que quiera señalar cualquiera (y sentimientos personales aparte), es puramente administrativo.

Voy a decir una aparente barbaridad: ¿importa el número de mujeres/ adolescentes /niñas asesinadas? Realmente no, porque una al año vale tanto como dos por semana, y el sentimiento de horror es el mismo ante un asesinato cruel y sin motivos en una sociedad presuntamente civilizada. Pero los datos cantan: y una o dos asesinadas por semana es un clamor. Un clamor que ya no se puede callar ni disimular: lo de las condenas públicas ya huele a chamusquina, porque es una medida electoral, no se traduce en nada. La historia de la denuncia previa, trámites, policía y jueces por medio, no está sirviendo de nada, sólo es un anuncio constante en los medios que dice “nos preocupamos por ti”, es decir, “podremos decir si te asesinaron con denuncia o sin ella, con orden de alejamiento o sin ella, con sorpresa o sin sorpresa”. “Ay, mira, a mí me parecía tan buen chicoooo… me saludaba siempre”, claro, a ella no sabemos si la saludaría el día que la mató.

Oye, ¿y tú que has hecho? Quiero decir ¿qué hostias has hecho?, es más ¿qué coño has hecho (porque los cojones ya no tienen mucho más que hacer)? Y perdón por entrar así, como a saco, pero es que ya me cansaba la introducción esta, y sé que lo políticamente correcto es poner una carita de molestia (¿hay monigote de “vaya por dios”?). Digo, además de los gestos y las frases de facebook ¿has hecho algo? Ya, te preocupas. Sí, ya veo.

Todo el mundo ha visto comportamientos machistas, sexistas, puede que incluso violentos y, en muchos casos potencialmente delictivos. Cuando uno se pregunta a sí mism@ ¿y yo qué he hecho para contrarrestarlo? De nada sirve que la respuesta sea “lo dije a mis amig@s” o bien “lo cuento en facebook”. Sí, ya veo, lo compartes mucho. Oye, ¿y al violento le has mirado alguna vez de frente? Alguna vez ante el típico comentario desagradable en el bar (a una clienta, a una trabajadora, a una amiga) alguna vez, digo, ¿te plantaste y dijiste “espera, a ver, cómo es eso”? ¿o, como mínimo de los mínimos, comentaste algo en voz alta para ver si había aludidos y alusiones? Ya, al twitter #MachistaCabrónEnElBar. La bomba.

Voy a ser muy clarito: estoy hasta el flequillo que no tengo hace años, del activismo en internet. Y oye, que los manifiestos están muy bien, como las medidas legislativas. Los primeros (que tienen que seguir llegando), ocurre que llegan unos 40 años tarde en nuestro país. Lo segundo está que no llega. Es más, por cada caso en que se legisla a favor de la defensa de las mujeres, se legisla a favor de proteger antes al agresor.

En estos días sale a la luz un juicio a un grupo de miserables criminales que, confío, pondrán en libertad ahora o en unos meses. En serio: deseo que los liberen. Sin cargos, incluso. Pero cómo es la tele, porque cada día ocurren cosas así en este país, la diferencia es que no sale en las fiestas de los toros, esas en las que se acusaba a tanta gentuza de abusar de las mujeres durante días, sin resultado alguno por parte de las “autoridades”. Así que sacaron cuatro casos, y este va a ser el caso estrella, porque así, la fiesta de los toros queda limpia de polvo paja. Qué término tan adecuado.

Todo está revuelto y, con todo y que las redes “sociales” parecen indignadas, como cada día es todo más asqueroso, no dejo de ver mala gente disfrazada, incluso sin disfraz, que preparan las bases para transformar en víctimas a los culpables. Hay gente que les jalea. Lo de “es un estado de derecho”, y aquello de “por favor, la presunción de inocencia”, y otras varias frasecillas que los corruptos de sucesivos gobiernos han puesto de moda, son el pan agrio de cada día. Ahora parece que no se puede ni siquiera opinar sobre lo asquerosos que son los criminales violadores. Porque, claro, como no se puede uno alegrar de que volara un presidente de un gobierno dictatorial, evitando que se perpetuara Franco (al menos de forma evidente), tampoco se puede decir que gentuza que ha transmitido los videos de abusos y violaciones, incluso comentados, unos violadores tienen derecho a que se les exima de culpa. A mí me parece lo normal.

Pero aunque todos estos comentarios están muy bien, a lo que voy es a lo importante ¿qué has hecho y qué harás mañana? Porque, claro, si no tienes intención de ir más allá de tibios comentarios en redes “sociales”, podemos dejarnos de manifiesto e historias. Podemos empezar a decir a quienes se sientan alrededor que el sufrimiento por sus abusos nos importa una mierda, porque nadie hará ni dirá nada.

Y lo que creo es que, si esta noche, todos y todas nos concienciamos de que hay que hacer, y mañana nos levantamos con la idea clara de empezar a hacer, la cosa será imparable. Quiero decir, que si el compañero que mira al culo y hace gestos, el que intenta rozarse en el ascensor, el que en el metro arrima la cebolleta, el que insulta por la calle creyendo que es un cumplido, el que acosa en el bar, el que agarra mal por la calle a su acompañante, el que grita y amenaza al otro lado de la pared… incluso, el que sabemos que ha sido agresor, el que tiene asustada a alguna mujer, el compañero de clase que mira el whatsapp o llama continuamente para controlar a su novieta del insti, el que persigue, el que ha acosado, el que ha amenazado, el que se siente equidistante entre la presunta justicia y la víctima, el que no deja de azuzar en las redes diciendo que hay muchos hombres maltratados y miles suicidios de hombres acosados al año, o que se persigue con denuncias falsas…Y toda esa fauna que se escapa a mi imaginación, sabrán que, de ayer a hoy, de la semana pasada a esta, todo se ha terminado, que ya no hay barra libre, que lo que imaginaban (o, ¿por qué no? imaginábamos) que estaba bien, no está ni un poco bien, que genera violencia, que desencadena situaciones que llegan al asesinato

Y si lo saben, algo comenzará a cambiar. Pero, de verdad, si no estamos dispuest@s a cambiar nada, mejor nos callamos, dejamos los gestos vanos, de palabras que no sirven de nada. Yo, con permiso, seguiré en lo mío, haciendo y diciendo mientras pueda. Cada día un poquito más, mientras no me lo impidan. Lo que espero es poder encontrarme con quienes, cada día, se van encontrando a mi lado, hombro con hombro, haciendo y diciendo. No se buscan héroes ni heroínas, se buscan personas que hacen y dicen. Hasta que un día, por la calle, en el metro, en el bus, nos miremos a la cara y podamos sonreírnos sin que ningun@ de l@s dos tenga que agachar la cabeza y cambiar de lado.

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