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ISSN 2174 - 4092

Cada día Llueven vacas - LaRepúblicaCultural.es - Revista Digital

Hace unos años, Carlos Be y Fran Arráez me hablaron de Llueven vacas. Como no sabía lo que era, pero los más extraños textos de Carlos me llaman mucho la atención, lo busque para investigar y descubrí que estaba publicado en un librito en el año 2008. El contenido, tremendamente surrealista y absurdo, se completaba en un viaje que, tras un macabro humor, encerraba lo más terrible de un concepto de violencia machista depurada, que el autor enunciaba a través del viaje de una pareja: Fernando y Margarita.

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Cada día Llueven vacas

La capacidad de desnudar la violencia machista

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Llueven vacas
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Llueven vacas

Fernando (Eduardo Noriega) y Coral (Carmen Mayordomo) en una de las escenas. Foto: cortesía de la productora. Foto: Charo Guerrero.

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Fernando (Víctor Clavijo) y Margarita (Maribel Verdú) en una de las escenas. Foto: cortesía de la productora. Foto: Víctor Prieto.

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DATOS RELACIONADOS

Título original: Llueven vacas
Dirección: Fran Arráez
Guion: Fran Arráez, Carlos Be (a partir de la obra de Carlos Be)
Intérpretes: María Barranco, Gemma Charines, Víctor Clavijo, Secun De La Rosa, Asier Etxeandia, Pedro Miguel Martínez, Laia Marull, Carmen Mayordomo, Gloria Muñoz, Eduardo Noriega, Sergio Peris-Mencheta, Mónica Regueiro, Maribel Verdú
Producción: Mónica Regueiro, Sara Luesma
Productora: Producciones Off / Trisquel Escena / Zombie Company
Distribuidora: Begin Again
Año: 2017
Duración: 75’
País: España

Julio Castro – La República Cultural

Algo hemos hecho mal”, dice Fran Arráez en la presentación en Madrid del trabajo que ha dirigido, “hay algo que estamos haciendo muy mal”, insiste, porque si no, no es posible que los resultados en nuestra sociedad sean estos, explicará a continuación. Y es que la violencia que está instaurada en nuestra sociedad contra las mujeres, no sólo es inadmisible, sino que es difícil de concebir si escarbamos un poquito.

Hace unos años, Carlos Be y Fran Arráez me hablaron de Llueven vacas. Como no sabía lo que era, pero los más extraños textos de Carlos me llaman mucho la atención, lo busque para investigar y descubrí que estaba publicado en un librito en el año 2008. El contenido, tremendamente surrealista y absurdo, se completaba en un viaje que, tras un macabro humor, encerraba lo más terrible de un concepto de violencia machista depurada, que el autor enunciaba a través del viaje de una pareja: Fernando y Margarita.

Un tiempo después supe que se iniciaba el rodaje de la película que dirigiría Fran con un elenco excepcional, pero era para mí complicado imaginar cómo se podría trasladar un texto tan teatral y literario como este a la pantalla, sin que derivase en un producto oscuro y de corta difusión. Esta semana llegó a Madrid la película y pude estar en su previo, para descubrir de qué manera han podido darle la vuelta al mundo, narrar todo su contenido y arrojar esa tremenda explosión oculta de nuestra sociedad que es la violencia machista que ocultan las alfombras de los salones, las cortinas a medio correr y las rendijas de los viejos sofás.

Los prismas de la violencia machista

Dos personajes principales, abordados más tarde por otro accesorio, el de Coral, que sufren o hacen sufrir una vida sustentada en el amor de ella y la tortura de él, hasta el límite de llegar a ser lo que no se es, de ver lo que no se puede ver, de hacer lo imposible. Un argumento que destaca la manera en que el prototipo de individuo enfermizo puede dar vueltas de tuerca más allá del propio tornillo y, una vez se ha demostrado que puede hacer lo que quiera, ir más allá, por ego, por aburrimiento, por maldad.

Llueven vacas. Y qué poco a poco sucede todo en el interior de la casa. Da la impresión de que la luz viaje más lentamente. La realidad se tuerce, tiembla y se desprende del papel de regalo que la cubre, que cae par descubrir que sólo existe la relatividad. Nuestra relatividad. Coral me hace leer por las noches. O leo o nada. Creo que empieza a afectarme. Dice que así aprenderé a expresarme utilizando más de quinientas palabras. A mí, quinientas palabras me sobran. Nunca he necesitado decir una frase de quinientas palabras. Y tú, tú permaneces ahí, en tu plataforma con ruedas. En el centro de la habitación, con la mirada fija en la ventana. El suelo a tu alrededor inundado de flores. Y Coral de pie, detrás de ella. Las dos, contemplando la lluvia. Felices”, dice el brutal personaje masculino en el texto. Es un extraño formato el del original, pero con toda su extrañeza trasladada a la pantalla, se convierte en un revulsivo producto cuando lo abordan en el cine. El diálogo que mantienen Fernando y Margarita en el texto, en el que luego aparecerá Coral, se convierte en una especie de reunión de Fernandos y Margaritas, en plural, que en cada casa y en cada edad, hacen discurrir el argumento, en medio de esa absurda lluvia que todos ven aunque no quieran.

Si al leer el texto (que recomiendo), el absurdo parecía recrearse en la primera parte del mismo, para luego dar paso a la crueldad del asunto, aquí parece darse la vuelta, de manera que es más tangible una realidad en la primera mitad, para volverse más absurdo en la segunda, con imágenes verdaderamente traídas del surrealismo.

Se juega a mostrar distintos puntos de vista, como un prisma con varios focos en los que mirar personas, situaciones, momentos diferentes, con puntos que siempre refieren a la situación original de sus protagonistas. Las escenas intercalan pasajes de situaciones lentas y repetitivas con desesperación, con dinámicas inesperadas, mientras avanzan hacia lugares que parecen no tener límites. Es indiferente el cambio de intérpretes (edad, fisonomía, color de pelo…) porque todo cabe, puede cambiar el escenario en el que todo ocurre, porque sólo permanecen dos cosas inalterables: la vestimenta y la posición de dominación-sumisión.

Un elenco por relevos

El equipo ha tirado de una parte del núcleo de The Zombie Company (la compañía de Carlos Be), que en su momento comenzó a participar en las Peceras, que él mismo dirigía, y que en formato teatral ya mostraban la denuncia contra la violencia machista, en aquel caso más física, en este más psíquica, aunque, ni hay una frontera entre ambas cosas, ni en sendas obras se establece. El propio Fran Arráez, así como Carmen Mayordomo, formaban (y forman) parte de aquel elenco. El resto del reparto, con un gran desarrollo en el trabajo, lo conforman María Barranco, Gemma Charines, Víctor Clavijo, Secun de la Rosa, Asier Etxeandia, Pedro Miguel Martínez, Laia Marull, Gloria Muñoz, Eduardo Noriega, Sergio Peris-Mencheta, Maribel Verdú y Mónica Regueiro, que además es productora de la película.

Entre los papeles de ellas, sería difícil escoger, aunque siempre tira la debilidad por el trabajo habitual de Carmen Mayordomo, el de Mónica Regueiro y el de María Barranco, especialmente cuando los papeles les permiten mostrar sus distintas facetas ante la cámara. Entre ellos, sin duda, Asier Etxeandía y Víctor Clavijo. Pero la realidad es que el resultado lo logra el conjunto de los dobles elencos, porque actores y actrices se van dando el relevo de escena en escena sin que el texto sea realmente fácil para lograr esa continuidad.

La posición de maltratador y maltratada

Una de las peculiaridades del film es el de utilizar las acciones de manera muy sutil, hasta que se produce el impacto abierto del acoso que la mujer sufre, pero una de las cuestiones más importantes es que consigue mostrar las herramientas del maltratador, para utilizarlas en su contra, como denuncia, en una construcción que es lo opuesto al panfleto, sino que implica al público en el sentimiento visceral frente a esa violencia.

La otra cuestión, que creo que hay que reseñar, es la manera en que se envuelve desde el argumento a los personajes, a fin de que se evidencie un trabajo desde el protagonismo de las mujeres, como un grito ante ese sufrimiento no escogido, pero en el que se ven situadas sin armas reales contra él. No como víctimas inútiles, sino como parte de un recorrido muy largo, que lleva, sin edad definida, desde el primer momento hasta que el propio maltratador quiera.

El compromiso más allá de la pantalla

La idea de este trabajo, no sólo no es oportunista, sino que ha querido implicarse de principio a fin en la cuestión que trata, de manera que todo el beneficio de su recaudación en taquilla se donará a la defensa de los derechos de las mujeres, a través de la asociación de mujeres juristas Themis.

Pero queda algo más importante sobre el trabajo que dirige Fran Arráez, y es que si hay algo complicado de lograr, es que un mensaje como el de la violencia psicológica asociada a la física, pueda llegar, pueda entrar sin lanzar imágenes facilonas o escabrosas: este producto es más duro, sobre todo, porque puede ser capaz de calar, incluso entre quienes ignoran su propia posición.

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