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Somos la sociedad machista que se fomenta - LaRepúblicaCultural.es - Revista Digital

Hoy las mujeres paran, muchas mujeres paran, hacen huelga o, simplemente, paran. Tratarán de reflejar en cifras quienes tengan intereses particulares, para demostrar que es más o es menos, pero son cifras sin sentido, porque la convocatoria no es más que el reclamo que denuncia la situación de discriminación que, guste o no, se da en todas las sociedades del mundo.

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Somos la sociedad machista que se fomenta

Nos vemos en las calles, en las casas, en el trabajo…

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8 de marzo de 2018
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8 de marzo de 2018

Otro día de lucha de las mujeres. Foto: Julio Castro Jiménez.

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8 de marzo de 2018

Otro día de lucha de las mujeres. Foto: Julio Castro Jiménez.

Julio Castro – La República Cultural

Hoy las mujeres paran, muchas mujeres paran, hacen huelga o, simplemente, paran. Tratarán de reflejar en cifras quienes tengan intereses particulares, para demostrar que es más o es menos, pero son cifras sin sentido, porque la convocatoria no es más que el reclamo que denuncia la situación de discriminación que, guste o no, se da en todas las sociedades del mundo.

Como siempre, leer en uno u otro lugar que a algunas personas les parece que no hay discriminación, porque aquí, en este Norte occidental (realmente, norte accidental porque nacer en un lugar u otro es casual), se vive muy bien, produce repulsión a quienes tenemos conciencia de lo que sucede: fástic, se dice en catalán, y me parece mucho más gráfico, porque su sonoridad refleja la onomatopeya de ese asco vomitivo.

Soy machista

Y sí, soy machista, claro que sí. Negar eso es tan falso como decir que las mujeres viven bien en nuestro Norte occidental. El comercial trata de llevarse el gato al agua compitiendo como puede frente a otros, el ejecutivo, como ejecutivo que es, llega a su lugar aplastando a otras personas, el que se presenta a un concurso de adjudicación, lo hace a sabiendas de que trata de superar al resto… el pollero vende mejores huevos, quien vende pescado tiene los peces más frescos, y los filetes de vacuno siempre serán más tiernos en mi tienda que en la tuya. Los políticos profesionales mienten, porque su partido siempre va a ser “lo mejor para ti”, bueno, igual casualmente para ti no pero para ese que también me escucha sí, ya llegará tu turno… Las religiones mienten, básicamente, porque son religiones, pero también porque su dios te conviene más, sobre todo si pagas buenas ayudas o las consiguen gracias a tu adscripción religiosa.

Y los hombres son machistas. Somos. Por esas mismas razones. Pero claro, soy machista, en la misma medida que soy capitalista, burgués, sumiso… Puedo arrepentirme de lo que soy, pero no creo en arrepentimientos. Lo que sí puedo, y llevo haciendo con todas mis fuerzas desde la infancia, es luchar contra ello, contra mí mismo, contra mi conveniencia común y corriente, contra mi comodidad. Sé hacerlo como lo hago, ni más ni menos, pero también tengo claro que nunca podré hacerlo de la manera que no sé. Y lo que tengo claro es que, cuando observo en los demás esos tics que yo tengo, tuve o no quiero tener, los denuncio de la misma manera: eso recomiendo. No pedir perdón, ni declararse hombre feminista, porque eso, igual que mi lucha comunista, apenas son deseos en una sociedad acomodada como la nuestra. Tratar de incomodarse uno mismo, es la única forma de cambiarse, pero señalar aquello que no funciona, es la forma de hacerlo colectivamente: esas son mis luchas, colectivas e individuales, participativas, pero también reflexivas.

Así que, sí, soy machista, porque proclamo la igualdad, pero apenas la practico en la medida en la que alcanzo y sé, aunque trate de que cada días sea un poco más, pero nunca querré justificarlo. Esto no es para aplaudirme, sino para señalarme cuando me equivoco.

A mí debe darme igual

Hoy las compañeras hacen huelga, o no. La mayoría no la harán, porque no pueden, porque ni siquiera figurarán en un elenco de parón laboral, sino en uno de desempleo, si acaso, o más bien en otro invisible de no inscrita: en tiempos de la dictadura anterior se escribía “sus labores”.

Quienes han llegado a la conclusión de que deben y pueden parar, en realidad, son privilegiadas (incluso al límite), pero quienes no paran, porque no pueden o porque creen que pueden luchar de otras formas, no dejarán de ser mujeres explotadas y discriminadas. Puedo mostrar todo mi apoyo hacia ellas, y lo digo, pero en realidad, a mí debe darme igual si hacen huelga o no, si paran o no, o si sus jefes, marido, pareja, familiares, les permiten ir a una manifestación esta tarde, porque lo importante no es que me parezca bien o mal, sino que, igual que el resto de los días, yo esté detrás para apoyar: si lo hago, será lo correcto, ninguna medalla, si no, habrá que cambiarlo.

El mundo capitalista

La igualdad consiste en un mundo equiparable en derechos para todas las personas, pero la venta del capitalismo comienza por crear castas en la sociedad, enfrentando a las personas, de manera que unas se aprovechen de las otras, en pro de un mundo más desigual: la lucha de clases ¿recuerdan?

El concepto de este sistema capitalista no difiere en nada del feudal, ni siquiera del patriarcado de la caverna: igualdad, dice, toda la del mundo. Así encontramos escritos que cumplen a rajatabla con esta cuestión, comenzando por la legislación, y terminando por voceros políticos, tertulianos y opinadores de la prensa, que deben mucho a quienes les mantienen. Incluso veo normal que toda esa caterva de acólitos (y acólitas) del poder hagan semejante labor de zapa en la población a través de la opinión pública, porque viven de eso y viven bastante bien, eso sí, sin pensar que sus amos (y amas) viven mucho mejor.

Lo que ocurre es que, poner al mismo nivel, incluso, a una mujer del sector que sea con baja cualificación laboral, que a un hombre con baja cualificación laboral, ya es en sí mismo una discriminación, porque llegaba en la etiqueta de “baja cualificación laboral”, que es una denominación falsa. Porque ¿qué supone esa cualificación a la hora de cumplir con un cometido? ¿Es más deudora la sociedad con un ejecutivo, un senador o un juez que con un cosechador, un vendimiador, un camarero…? Ahora alguien tratará de equiparar también horizontalmente, pero, ocurre que desde hace años sabemos (gracias a la disponibilidad de datos estadísticos y que las mujeres y organizaciones feministas y políticas han querido hacerlo saber), que tampoco existe esa igualdad horizontal entre hombres y mujeres con la misma cualificación o con igual desempeño laboral, así que ¿alguien quiere explicarme por qué un camarera habría de cobrar más que una camarera, o tener menos derechos?, tampoco podrá nunca explicar nadie (salvo de los sistemas más retrógrados del propio capitalismo), cómo una jardinera de un ayuntamiento cobra menos que una diputada, ya que los requisitos, si no me equivoco, son más estrictos para ser jardinera. Y no, no me equivoco.

Así que, contemplar asépticamente las desigualdades y su reparación, es uno de los más profundos errores que podríamos cometer: que cometen los partidos, y que aquellos más a la derecha quieren repetir. Durante estos días he leído y escuchado una y otra vez que “no hay que politizar la lucha por la igualdad”, y afirmo que, si todo en una sociedad parte del sistema político, con mucha más razón, la lucha por la igualdad no puede sustraerse de la política y de la gestión desde un plano ideológico. Todo sea que se quiera expresar correctamente, y entonces habría que desear que no fuera una cuestión de partidos concretos, sino una lucha transversal en lo partidista y, aquí, poner a Clara Campoamor en el centro del debate sería lo adecuado, toda vez que agregar al entorno de aquella, sería precisamente lo erróneo, ya que las intenciones de la formación política que apoyaba su lucha por la igualdad de voto, no era precisamente honesta, sino perversa, en la creencia de que ya se encargarían los maridos de decir a las mujeres qué debían votar: otra violación de los derechos democráticos y de los derechos de las mujeres. Se equivocaron en buena medida, afortunadamente, y de ahí, buena parte de lo que la posterior dictadura hizo contra ellas, y también del actual discurso machista y de sus vicios sociales.

Quieren enseñarnos fotos

Ayer aparecía un retrato de mujeres en un diario de tirada nacional que ya tiene la peor fama en el mundo, desde cuya plataforma, un grupo de mujeres que viven bien a costa de todos y de todas, proclamaban la ausencia de discriminación en nuestro país. Hace años, un conocido, durante una sobremesa quiso asegurar que la mayor parte de las personas accedían a titulaciones universitarias. En esa época había que tirar en su mayor parte de volúmenes de estadística y dar enormes vueltas para analizar la información pública y fidedigna existente, pero lo hice con sumo gusto. En conclusión, puedo afirmar que hace algo más de una década (con la economía en supuesto crecimiento) apenas un 22% (en el mejor de los casos y utilizando las mejores expectativas con la información disponible) accedía a matricularse en alguna universidad. Ese porcentaje se reducía enormemente tras el primer año de estudios, y menos del 50% alcanzaba a finalizarlos.

Hoy día tengo por seguro que, pese a las reformas en los planes de estudio, que han rebajado los contenidos de las carreras y reducido su duración, dudo que se alcancen siquiera esos niveles. Teniendo en cuenta que ya desde la propia discriminación familiar, la que se inculca en las niñas y la que se ejerce posteriormente, los niveles de llegada al acceso universitario debe de ser menor, si pensamos que la población universitaria es en cifras objetivas mucho menor que en aquella época. Teniendo en cuenta que las becas se han reducido, que es preciso hacer estancias fuera que encarecen los estudios y que las matrículas ya se dispararon hace años.

Teniendo en cuenta esto y más, no encuentro razón para justificar escritos del tipo del que menciono en dicho diario, en el que mujeres elitistas y con carreras, en puestos políticos de partidos de la derecha, cobrando unos sueldos sobremanera, y ajenas a la sociedad, tengan amparo social para ser escuchadas como ejemplo. Puedo respetar su proclamación de situación, pero no respetaré que se extienda a la población, dando a entender y diciendo explícitamente, que aquí, en mi país, cualquiera puede llegar a su situación porque la discriminación no existe. Si partes de tu yo, no lo extiendas a la sociedad, porque comprender al prójimo y a la prójima no es victimizarla, es dotarse de razones para apoyarla y luchar por un cambio.

Esas son las fotos que han querido enseñarnos, esas son las fotos que cualquier país en un sistema capitalista pondrá por ejemplo. Pero no son las fotos de mi sociedad.

Yo no paro, sería un paripé

He venido a mi puesto de trabajo, porque las mujeres protagonizan este día. No tenía ninguna intención de sumarme a la huelga de 24 horas, porque, aunque creo que una masiva huelga general sería lo adecuado, como en otros casos, hoy no puedo decidir, más allá de lo que me digan. Al llegar, las compañeras trabajadoras que repartían propaganda por los puestos de trabajo, me/nos han convocado a la concentración en la puerta del edifico, para lo cual había que fichar las dos horas negociadas con la empresa, de manera que he bajado a la concentración y he fichado las dos horas (que convenientemente me descontarán), así que aprovecho el resto del tiempo de esas dos horas para escribir mi apoyo a toda movilización que convoquen hoy las mujeres por sus derechos, por la igualdad, por el feminismo, porque, en definitiva, son nuestros derechos, nuestra igualdad y, por lo tanto, el feminismo deseable.

Por la tarde, una buena parte de la misma, querré compartirla con mi madre (dependiente), como vengo haciendo desde hace muchos años, porque ella no puede tener ya muchos cambios en su vida (ni mucho menos puede ir a una manifestación a la que en otro tiempo habría ido con ella): no es una contribución a nada, como se ha planteado en cuanto a los cuidados, sino un deseo común que, seguramente, cada cual tendrá en su familia y, sin embargo, poca gente experimentará, porque es muy fácil pensarlo y no realizar cambios, pero las cosas pequeñas modifican a la sociedad, en tanto que los grandes discursos (quizá como este mismo), apenas hacen mella donde ya ni se escucha ni se lee.

Me gustaría pensar que estos días se ha roto algo, que algo diferente ha comenzado, aunque seré sincero, son tantos años de movimientos políticos y sociales, que, aunque apoye lo que sea y siga en tantas cosas, no creo en revoluciones parciales: y confío fervientemente en equivocarme. Pero cualquier lucha por las igualdades es necesaria e imprescindible.

Como digo al principio, soy burgués y, por lo tanto, privilegiado por mucho que me haya costado una vida llegar hasta aquí, y mantenerme cada día en la lucha contra un sistema corrupto que puede beneficiarme, a favor de una pelea continua por la igualdad en todos los campos. Y llamo a otros hombres en esa posición, a preguntarse ¿en realidad, qué sé hacer yo, y qué hago por mi sociedad desde mi entorno? Pero también llamo a esas mujeres que se sienten confortablemente tratadas y sostenidas en su situación burguesa, para que se pregunten ¿qué ocurre en otras casas, sé yo lo que ocurre lejos de mi colchón familiar? ¿es justo que tome mi parte por el todo? ¿cuánto puede durarme esta situación si la sociedad cambia? ¿cómo de autosuficiente soy? Y esto último, lo digo pensando en que nadie es autosuficiente en nuestra sociedad: ni hombres ni mujeres, pero aunque se ponga a las mujeres como ejemplo de dependencia, quizá la realidad sea precisamente la contraria, en un mundo donde ellas generan el entorno familiar y social autónomamente sin preguntar “¿qué tengo que hacer?”

Pero soy burgués, y machista, y lo que surja de mi propio carácter cincelado en una sociedad casi muerta, así que mi objetivo no está en flagelarme, autocriticarme o entonar un mea culpa, sino en cambiarme y cambiar, sin perdón y sin pedirlo: eso sería un paripé muy corriente. Y también en dejar que me cambie el entorno de todas y cada una de las mujeres que reclaman su espacio y sus derechos, seguramente todas con criterio y con razón, desde esa revolución que viene sin que se limite al día del año que “se les concede” el protagonismo, sino ambos luchando al costado cada día. O somos más que una imagen, o no seremos nada.

FORO DEL ARTÍCULO
Opiniones publicadas: 2
    [2314]
  1. El Lunes 12 de marzo de 2018, a las 11:15
    Alberto Urdiales dijo:
    Somos la sociedad machista que se fomenta

    Creo que siempre me he considerado feminista, hasta he dado alguna charla y provocado algún sarpullido, pero…Gracias Julio, al leerte veo que puedo seguir aprendiendo.

      [2314]
    1. El Lunes 12 de marzo de 2018, a las 13:44

      Julio Castro dijo:

      Somos la sociedad machista que se fomenta

      Gracias Alberto.

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