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La preparación del artefacto, Antes de la metralla - LaRepúblicaCultural.es - Revista Digital

Supongo que alguien se habrá fijado en el efecto que tiene la salida de un teatro lleno de gente cuando se abren las puertas. Si pensamos en lo que en los teatros y circos romanos se llamaban vomitorios, es muy gráfico, porque, pensado desde arriba, es un lanzamiento de fragmentos arrojados al espacio exterior desde un recipiente. Supongamos que es un conjunto de dispositivos electrónicos con piernas arrojados a la inutilidad desde un contenedor que ha explotado. Básicamente, lo que podríamos entender por metralla.

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La preparación del artefacto, Antes de la metralla

Trabajo de evolución colectiva de Matarile Teatro

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Antes de la metralla
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Antes de la metralla

Mónica García y Ricardo Santana. Foto: Julio Castro.

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Antes de la metralla

Ana Vallés, Eduardo Pérez Rasilla y David Puig durante la función. Foto: Julio Castro.

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Julio Castro – La República Cultural

Ricardo Santana trata de hablar con Celeste González de identidad, de informes psiquiátricos, pero el diálogo apenas es posible. Eduardo Pérez Rasilla trata de la identidad y de la caducidad de la misma. Ana Contreras compara el discurso de Silvia Rivera con el de Sylvia Rivera. La Vallés estudia la confrontación de John Berger con la obra de Francis Bacon. Un rap les persigue y se renueva en cada espacio que pisan. El público sigue el fragmentado de un discurso que conduce a analizar la realidad con otros ojos, y tener que reestructurar el pensamiento: es Matarile Teatro, Antes de la metralla.

La herencia del artefacto

Supongo que alguien se habrá fijado en el efecto que tiene la salida de un teatro lleno de gente cuando se abren las puertas. Si pensamos en lo que en los teatros y circos romanos se llamaban vomitorios, es muy gráfico, porque, pensado desde arriba, es un lanzamiento de fragmentos arrojados al espacio exterior desde un recipiente. Supongamos que es un conjunto de dispositivos electrónicos con piernas arrojados a la inutilidad desde un contenedor que ha explotado. Básicamente, lo que podríamos entender por metralla.

Pues bien, justo Antes de la metralla, la compañía Matarile creó su propuesta hace unos meses, y la mostraban, precisamente, antes de lo que fuera a suceder. Lo que ocurre es que todos jugamos con acepciones, así que la Vallés escogió la más provocativa en nuestra lengua, que sería algo así como “conjunto de cosas inútiles o desechadas”. A partir de ahí se construye un conjunto de trazados en los que integra su propia metralla, o en la que quiere incorporar al público que asiste, a modo de metralla.

Sea como fuere, al salir del espacio surrealista que genera Matarile, cuando todo haya comenzado, seremos la herencia de su artefacto: seremos metralla lanzada a la calle a hacer, a imaginar, a pensar, en este u otro orden.

Crítica, descriptiva, debacle artística y social: el proceso colectivo

Encasillo hace un momento el espacio en el surrealismo, pero, seamos sinceros, el proceso y su resultado tienen mucho de dadaísta y la intención puede encajar perfectamente en ese lugar, quizá salvando la idea de intencionalidad y rupturismo estructurado que subyace al conjunto del trabajo.

Bien es verdad que la propuesta tiene un patrón y un contenido fijo estructurado a partir de ideas plasmadas en movimiento y texto, pero también es cierto que la puesta en escena es cambiante, sus componentes pueden crecer o modificarse. En su estreno contaba con algunos integrantes distintos, pero en su llegada a Matadero Madrid se transforman y amplían a partir de un trabajo previo local.

El lugar, el espacio influyen en la creación, pero permanecen las ideas y los conceptos en el amplio núcleo del trabajo que se crea, donde la crítica y la descriptiva del entorno social, entroncan con la debacle artística y sus consecuencias, que se fijan en el análisis de la propia sociedad a través de distint@s autor@s, y del filtro que Ana Vallés y los componentes del equipo artístico quieren aportar.

La ilustración nos ha convencido de que existe una separación entre espíritu y materia, entre cuerpo y palabra. Pero lo cierto es que el cuerpo habla y la palabra se encarna” dice Ana Contreras en un cierto momento. Subsiste la idea de que en la escena te preparas para decir algo y expones un proceso enlatado, sin embargo, lo cierto es que, como dice la Contreras “para hablar en un escenario hay que tener algo que decir y saber lo que se dice. Y no dejar que nadie te calle”, y para rematarlo, cita a Anne Bogart diciendo que “los programas políticos han conspirado contra la habilidad de los ciudadanos para hablar… Hace falta esfuerzo y testarudez para acabar una frase”. Casi todo tiene que ver con este núcleo de trabajo pensado y creado colectivamente por Ana Vallés, y a través del mismo surgen realidades comunes que tienen relación con cualquiera del público, ya sea individualmente o en común.

La metralla dentro del dispositivo: la amenaza del pensamiento

Los fragmentos de metralla encajan en un discurso de miradas que observan desde diferentes puntos al mismo lugar: el centro de la sociedad humana. Me confiesa Baltasar Patiño que tras todos estos años de trabajo de Matarile lo que más les interesa son las personas y las relaciones.

Esto es perfectamente comprensible situándose en el núcleo de la visión de la compañía acerca del entorno y como producto esencial del trabajo previo. Nada sería lo mismo si la idea de Antes de la Metralla se observara por partes, o desde el mero punto individual de uno de sus integrantes, como tampoco lo es como espectador/a si no somos capaces de situarnos en el conjunto, como piezas aglutinadas en ese espacio en que se desarrolla la idea: quienes no puedan verse así, aunque sea por un instante, no se llevarán el producto de cada una de las propuestas que integran el trabajo, y será metralla perdida al salir.

Así que, el ejercicio de concentración de los discursos y su línea de trabajo, corresponden a la necesidad de comprimir la idea en el espacio y el tiempo. Ahí, el trabajo de disposición y la sensación de un ambiente que casi abruma en el interior del lugar, provocan ese transcurso de aglutinar al público, a las piezas, antes de ser lanzadas fuera del dispositivo. Y las acciones que ocurren durante su desarrollo, contribuyen a configurar la información que cada cual reelaborará como pieza individual integrante, para llevarse al exterior.

Berger y Bacon: la rebeldía

Cita Ana Vallés a John Berger como ejemplo de un cambio de posiciones al reevaluar las propias posiciones frente al resto. Tras una vida criticando la obra de Francis Bacon, en un momento dado, Berger tiene una visión diferente y, en ese momento, no tiene conflicto en expresar su idea completamente opuesta a la anterior, y mucho más completa, comprendiendo que detrás de la obra de aquel hay mucho más que una provocadora frivolidad.

En este momento, Vallés elije un pasaje realmente necesario en nuestros días, del que extraigo algo que hoy me llama a pensar que no hicimos lo suficiente (nunca se hace), pero que hay que ponerse en pie para rehacer “El mundo despiadado que Bacon evocó y trató de conjurar ha resultado ser profético. Esto no supone necesariamente el silencio. Supone elegir las voces a las que uno quiere sumarse. Al lado de los poderosos existe un conformismo del miedo y la articulación de palabras que ya no significan nada”.

Si no vemos nuestras posiciones, el conformismo acabará devorándonos junto con la falta de principios ajena.

El artista no se refleja ante el público: el rechazo

Evaluamos cada artista con los ojos de aquello que arroja su obra hacia el público que la percibe, sin imaginar que estamos transfiriendo al sujeto un perfil que hemos generado en nuestro sentimiento, cuando cada artista tiene su propia realidad, de la que surge su arte. Celeste y Vallés abordan el ejemplo de Rene Magritte, no desde su obra, sino desde lo personal.

El artista con un arte tremendamente valorado por esta sociedad, en sus propias palabras no sería más que un ser que odia y desprecia esta vida convencional que acaba por idolatrarle: “Detesto mi pasado y el de los otros. Detesto la resignación, la paciencia, el heroísmo profesional y todos los buenos sentimientos obligatorios. Detesto también las artes decorativas, el folklore, ¡la tradición!, la voz de los habladores, lo aerodinámico, los boyscouts, el olor de la naftalina, la rabiosa actualidad. Y los borrachos”, dicen sus palabras en un muro de la exposición que recoge sus pinturas.

Coincido en prácticamente todo el panegírico citado, pero la cuestión es que cómo se observa al artista, sin pensar en su idea, en cómo mira él a la sociedad, mientras ofrece sus propias artes a la misma para enriquecerla, sin pensar que nada de eso le ayudará en su sentimiento

Pero ese mismo rechazo es el que reaparece en la repetición de las obras de l@s mism@s autor@s, deteriorando la propia obra de aquellos, mermando la posibilidad de crecer a nuevas propuestas. Es triste pensar en una escena repetitiva apenas cambiada por lo actual, en unas artes anecdóticas, no por capacidad de creación, sino por la perpetuación de lo fácil amparado en el homenaje, para hacer un homenaje propio: “Y así, todos los años, todas las temporadas, tenemos visitas, versiones y adaptaciones de Bach, de Shakespeare, del Lago de los cisnes…. La escena se va volviendo predecible”, concreta Ana Vallés

La sociedad se ríe de sus miserias: la destrucción

Se establece una comparación con la sociedad del bienestar, con la explotación del ser humano en un paralelismo con el arte, y una reciente acción en un museo sueco, donde dos mendigos eran contratados para exhibirse, parece que todo puede servir y justificarse, mientras haya dinero de por medio.

Desde el precepto del mensaje de ese museo “Hoy usted no tiene que dar” la sociedad se ríe de la miserias en esta instalación, y ni siquiera la creación que se muestra está bien planteada, pero sugiere diversas preguntas como “¿les permitirían la entrada al museo, a esos mendigos, un día cualquiera? O: ¿les permitirían ejercer la mendicidad en la puerta?”. Si continuamos la línea de esta propuesta, podemos llegar al fondo de la sociedad en fase de destrucción, como el punto de ebullición del sistema a punto de explotar.

El formato que vaticina la dispersión: la metralla

Hay un largo y continuo intercambio de ideas, en las que el debate siempre queda abierto, pero son ideas que se expresan en con palabras, movimientos o imágenes físicas, y a través de ellas se invita al público a formar parte de ese momento, antes de ser metralla. Es complicado normalmente el debate con el público durante una función, es casi imposible esperar la participación del mismo, salvo en dosis muy medidas, o cuando el público entra a formar parte del propio círculo de contacto de l@s creador@s. Sin embargo hay posibilidad de entrar a su consciente para dejar allí preparado el diálogo que puede permitir una continuidad al final.

En realidad, nunca salgo a bailar en una obra, pero aquí, a la más mínima indicación, cuando todo parece haberse volcado en el centro del espacio, dejo mi cámara y subo a la pasarela a compartir el movimiento, porque, de lo contrario, como amenaza Ana Contreras justo antes, habría que irse a llorar. Justo después, la metralla sale.

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Con el objetivo de exponer algunas orientaciones e interpretaciones de la escena contemporánea desde distintos ángulos, perspectivas o implicaciones, Antes de la Metralla es un encuentro escénico con personas que, por un lado, aportan sus puntos de vista y, por otro, están dispuestas a exponerse en escena más allá del refugio de la palabra: todos somos espectadores”, dice Matarile.

Por eso este proceso está abierto a espectadores dispuestos a tomar la palabra y a tomar posición, no necesariamente profesionales.

En palabras de Lola Correa, directora del Festival Alt: “Antes de la Metralla es una obra que sacude con fuerza las verdades absolutas para recrear la incertidumbre de las dudas necesarias. Si la firmara Peter Brook seguro estaría en los mejores teatros londinenses”.

Sobre la compañía

Matarile lleva 30 años creando vanguardia sobre las tablas. Fundada en Santiago de Compostela por Ana Vallés y Baltasar Patiño ha puesto en escena más de 30 espectáculos en ciudades como París, Edimburgo, Boston o Leipzig, entre otras muchas, siendo galardonada con más de una veintena de premios y menciones en Europa.

Pionera de un teatro innovador en España, referente indiscutible de la escena contemporánea, Matarile provoca el milagro por el que el espectador se siente partícipe de algo único e irrepetible. No busca espectadores sino interlocutores.

En 1993 pone en marcha el Teatro Galán en Santiago de Compostela, que hasta 2005 destina a la programación y difusión del teatro y la danza contemporáneos en Galicia, y durante 12 años impulsa el Festival Internacional de Danza en Pe de Pédra. En la actualidad, la compañía acaba de abrir, en la misma ciudad, las puertas de la Sala Montiel, un espacio in-permanente de exhibición, encuentro y creación contemporánea. Matarile crea un lenguaje sugerente, salvaje y poético que, cual cordón umbilical con el espectador, inyecta ironía, música, complicidad, humor y reflexión.

Mario Moutinho lo explica así: “El teatro independiente, cuando efectivamente lo es, tiene la capacidad de crear piezas contemporáneas con fuerte intervención social, abordando dramas y conflictos, individuales y colectivos, de la sociedad actual, trabajando dramatúrgicamente estos temas o llevando a escena autores contemporáneos. Insistiendo. Pues como dice Slavoj Žižek citado en la obra de Antes de la Metralla, “lo opuesto a la existencia no es la no existencia, sino la insistencia”.

Fecha: el Domingo 22 de octubre de 2017

Horario: a las 20:30h

Lugar: Naves del Matadero. Sala Max Aub - Ps. de la Chopera, 14 -Legazpi- (Madrid)

Más información:

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Fecha: el Domingo 22 de octubre de 2017

Horario: a las 20:30h

Lugar: Naves del Matadero. Sala Max Aub - Ps. de la Chopera, 14 -Legazpi- (Madrid)

Más información:

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Fecha: el Sábado 21 de octubre de 2017

Horario: a las 20:30h

Lugar: Naves del Matadero. Sala Max Aub - Ps. de la Chopera, 14 -Legazpi- (Madrid)

Más información:

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DATOS RELACIONADOS

Textos: Equipo Metralla
Dirección: Ana Vallés
Intervienen: Ana Vallés, Baltasar Patiño, Mónica García, Eduardo Pérez-Rasilla, Ana Contreras, Lara Contreras, Ricardo Santana, Celeste González (en la función de Matadero Madrid también: Eli Zapata, Carolina González, Cristina Hernández, Ana Lorenzo, Nando Pérez, Paquito Nogales, Andrea Dunia Díaz, Nacho Vera, Eneida Alaiz, David Puig)
Iluminación y espacio: Baltasar Patiño
Coreografías: Equipo Metralla
Vestuario: Equipo Metralla
Selección musical: Equipo Metralla
Documentaciones: Jacobo Bugarín, Rubén Vilanova
Producción: Juancho Gianzo
Compañía: Matarile Teatro
Duración: mínimo 90’ sin descanso (trabajo en proceso de cambio constante)

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