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Juan Soto Ivars: “Es curioso que estemos viviendo una revolución feminista y que las estructuras capitalistas no tengan ningún miedo” - LaRepúblicaCultural.es - Revista Digital

Juan Soto Ivars, periodista y escritor, llegó a la Semana Negra de Gijón con una nueva novela bajo el brazo y algunas cositas que contarnos. No sentamos detrás de la carpa de encuentros, en sendas sillitas de tijera, un par de cañas y vistas a la noria y a la dársena. Allí hablamos sobre distopías, feminismo, posmodernos y provocación, entre otras cosas.

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Juan Soto Ivars: “Es curioso que estemos viviendo una revolución feminista y que las estructuras capitalistas no tengan ningún miedo

El escritor presentó en la Semana Negra su distopía Crímenes del futuro

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Juan Soto Ivars
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Juan Soto Ivars

El escritor y periodista en la Semana Negra de Gijón 2018. Foto: Inma Luna.

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El escritor y periodista en la Semana Negra de Gijón 2018. Foto: Inma Luna.

Inma Luna – La República Cultural

Juan Soto Ivars, periodista y escritor, llegó a la Semana Negra de Gijón con una nueva novela bajo el brazo y algunas cositas que contarnos. No sentamos detrás de la carpa de encuentros, en sendas sillitas de tijera, un par de cañas y vistas a la noria y a la dársena. Allí hablamos sobre distopías, feminismo, posmodernos y provocación, entre otras cosas.

¿Qué te ha traído a Semana Negra?

He venido a presentar Crímenes del futuro, una distopía en la que tres personajes femeninos tienen que sobrevivir en un mundo en el que nosotros, los de ahora, no hemos hecho nada para evitar que les ocurra lo que les ocurre. Es un mundo donde ya no hay estados, donde las finanzas lo dominan todo, donde oyen hablar de la sanidad pública y piensan que es un cuento que remite a una arcadia feliz, y donde los personajes tienen que salir adelante como sea. Está inspirado en nuestros abuelos, que vivieron un tiempo también bastante cruel.

¿Qué tipo de mujeres nos encontramos en Crímenes del futuro?

Son tres mujeres muy jóvenes al principio de la novela. Una es una chica muy lista que recibe una beca, una de las pocas que quedan, para irse a estudiar a la capital, y va descubriendo poco a poco que por más que tenga la beca y sea muy lista, no le sirve para nada porque vive en una sociedad de castas y no ha nacido en el sitio adecuado. La segunda es una modelo que viaja a una isla paradisíaca para hacer un reportaje junto a su novio que es fotógrafo y el pacto consiste en que ellos tienen que estar en la isla una semana, haciendo fotos aparentemente naturales y luego volver; pero mientas ellos están en esa isla estalla la guerra y nadie va a recogerlos. Y la tercera es una ciega a la que después de la guerra, la posguerra y la siguiente democracia utilizan como conejillo de indias para un experimento que consiste en devolverle la vista.

¿A través de estas tres mujeres nos cuentas un futuro terrible?

Yo creo que la Historia se cuenta a través de las historias personales. Cuando leemos Historia nos hablan de reyes, de presidentes, de guerras, de generales, de grandes movimientos en el mapa, pero a mí me gusta más lo que hace Svetlana Aleksiévich, que es preguntar a gente común qué estaba haciendo ese día: ¿Tú qué estabas haciendo cuando cayó el muro de Berlín?, le pregunta a un berlinés. Yo creo que encima del caballo va el que sale en los libros de Historia, pero debajo del caballo vamos los demás.

¿Por qué has elegido a tres mujeres como protagonistas?

Con quien más he hablado del pasado es con mi abuela y creo que eso influyó. Esta novela empecé a escribirla hace ocho años. Ahora me preguntan si es por el auge del feminismo por lo que he elegido personajes femeninos, pero siempre fueron mujeres porque hablando con mi abuela es como más vueltas le he dado a este asunto.

Hablas del auge del feminismo, ¿qué opinión te merece?, porque he leído algunas opiniones tuyas controvertidas.

Yo siempre había pensado que era feminista, pero últimamente no lo tengo tan claro porque hay un feminismo…, no sé si decir…, el feminismo que hace más ruido, el que ejecuta las políticas feministas mediáticas… que pone muchos impedimentos, no solo a hombres, también a mujeres, impedimentos para considerarlos feministas. En España llevamos pocos años, pero yo suelo basar más los estudios culturales en lo que pasa en Estados Unidos porque luego llega aquí. Y en Estados Unidos ahora está muy de moda que mujeres feministas digan “no soy feminista”, son las non feminst y sí, yo cuando las leo entiendo que siguen siendo feministas

¿Y quién decide entonces quién es feminista?, ¿quién reparte los carnets?

Es lo malo, y no solo en el feminismo, pasa también en la izquierda, dejamos que repartan los carnets los más bocachanclas del panorama, la persona más fanática, la persona con menos trasfondo intelectual y menos flexible a la hora de cambiar de opinión o de pensar las cosas de otra forma es la que, en cuanto le discutes algo te dice: tú no eres de izquierdas, tú no eres feminista, tú no eres liberal (que también les pasa a los de derechas, seguro). La sociedad de las redes es la sociedad de la histeria, quien hace más ruido, quien agita más es quien se lleva el gato al agua. Yo entiendo que esto para el feminismo es un problema.

¿En qué sentido?

En la libertad de expresión. Creo que todo movimiento social que amenace la libertad de expresión de los que no piensan igual, no está haciendo bien las cosas y ha habido muchos. Estoy a favor de que haya penas muy duras para los maltratadores y de que se ponga todo el dinero que haga falta para intentar que no haya más mujeres muertas. Pero, por ejemplo, lo que le ha pasado a Louis C. K., que por una historia de 2002 ha perdido el trabajo, se ha convertido en un apestado, no se ha distribuido su última película, no se sabe si va a poder levantar cabeza…, cuando no era una violación sino que se pajeaba delante de aspirantes y fue algo que pasó hace quince años… Que se pague ese precio tan desorbitado por algo que podría arreglarse, por ejemplo, con hacerle pasar un poco de vergüenza, con humillarlo un poco… nos da una pista de que algo estamos haciendo muy mal.

Pero ejemplos como ese pueden servir para que no normalicemos cosas que hasta ahora veíamos como normales…

Claro, a mí mismo me pasa… Yo antes no me planteaba… Por ejemplo, tengo un amigo que es un pulpo y siempre nos hemos reído mucho, un amigo que es el típico burro y que nos había resultado muy simpático y es cierto que ahora a mí me da un poco de asco. Eso es verdad. Eso es lo bueno. Estamos viviendo una revolución y las revoluciones sirven para eso, son un golpe que hace cambiar de sitio el suelo y en ese sentido estoy a favor de lo que se quiere conseguir. Pero siempre que leo sobre revoluciones del pasado, pienso que yo en esa revolución tendría la misma posición que ahora porque no puedo con la violencia y cuando se aplasta a una persona por un crimen pequeño me siento siempre incómodo. También leyendo sobre el pasado, a Bulgákov, que es uno de mis escritores favoritos, lo destruyeron los soviéticos porque no era suficientemente soviético. El caso es que se cargaron a Bulgákov, se cargaron a Anna Ajmátova… y a otros genios. ¿Merece la pena? Con el paso del tiempo puede llegar a valer la pena que la revolución haya cometido tropelías, pero yo siempre me pongo de parte de los débiles y en una sociedad machista las mujeres en general son las débiles, pero en una revolución feminista algunos individuos se convierten en los débiles.

Estás hablando mucho de cómo está afectando esto a los hombres, pero ¿qué pasa con las mujeres?

Depende. Creo que para la próxima generación de mujeres va a ser muy bueno lo que está pasando, por eso te digo que estoy a favor. Lo que pasa es que hago críticas. Yo ahora prefiero tener una hija, a lo mejor hace veinte años cualquiera hubiera dicho si es un niño le irá mejor que si es una niña, así de entrada, porque hay una inclinación que ha beneficiando a los hombres… Yo soy muy optimista, creo que esta fuerza que tiene el movimiento feminista supone que ya ha triunfado.

Has hablado en la presentación de tu novela de que vivimos un momento terrible pero no sabemos qué hacer para cambiarlo…

¿Has leído a Jessa Crispin?, es una feminista que yo adoro, es una feminista de izquierdas y ella dice que las mujeres están luchando por integrarse en un mundo que es capitalista. Siempre se habla de que hay muy pocas mujeres directivas y ella lo que explica es: yo soy feminista para cambiar la sociedad. No soy feminista para que una tía explote a hombres y mujeres como antes los explotaba un hombre. Una Merkel, una Christine Lagarde, una Esperanza Aguirre… Es curioso que estemos viviendo una revolución feminista de esta fuerza y que las estructuras capitalistas no tengan ningún miedo. Estoy convencido de que dentro de dos años no habrá diferencia entre el feminismo de Ciudadanos y el de Podemos.

Pero, en términos generales, hay una sensación de impotencia. Vivimos en un mundo injusto y nos estamos cargando el planeta, pero al final no sabemos qué hacer para cambiar esta dinámica.

Supongo que tenemos que cargarnos el posmodernismo. En el marxismo tenían verdades absolutas y creían en ellas. Yo no soy marxista, pero simpatizo mucho y creo en su visión de la Historia. La diferencia entre los modernos y los posmodernos es que los posmodernos pueden recurrir al cinismo para hacerse pasar por inteligentes y los modernos no podían hacer eso. La ironía del XVIII, por ejemplo, era constructiva, no es este cinismo: el mundo se acaba y yo estoy de fiesta. Creo que tenemos que defender que hay verdades absolutas y morales. Pero esto lo podemos hacer tú y yo individualmente, no lo puede hacer la sociedad. Ahora la verdad se relativiza.

¿Dirías que hay una crisis de pensamiento crítico?

En realidad creo que vemos doble. Los pensadores neoliberales, por ejemplo, son gente bastante brillante, pero moralmente son abyectos, no creen que haya un bien, creen en la oportunidad. Últimamente estoy pensando en los cristianos que conozco. Yo no soy religioso, pero creo que los cristianos tienen una noción bastante integrista del bien…

Bueno, según en qué cosas…

Ya, bueno, aunque tengan una moral desviada saben dónde está el bien para ellos. En cambio los posmodernos suelen decir: ¿cómo sabes si esto está bien?, ¿cómo sabes si esto está mal? Con mis amigos, que son la mayor parte cínicos y posmodernos, no puedes llegar a ninguna conclusión, no puedes estar de acuerdo o en desacuerdo. Creen que algo puede estar bien desde su punto de vista.

¿Te consideras un provocador o realmente piensas las cosas que escribes?

No, yo cuando suelto una boutade es en un tweet o algo así, pero las opiniones son de verdad. No lo hago por provocar, digo lo que pienso, lo que pasa es que ahora es muy fácil provocar porque la gente es muy susceptible.

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