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Azaña, de Carlos Rojas - LaRepúblicaCultural.es - Revista Digital

Manuel Azaña fue Presidente de España (1936-1939) y una figura que aún hoy despierta sentimientos encontrados. Carlos Rojas ganó el Premio Planeta en 1973 con una estupenda novela titulada Azaña, cuando la tendencia novelística privilegiaba el discurso y la experimentación técnica. Con la transición a la democracia la literatura perdió su carácter de arma política, lo que abrió un abanico de posibilidades. En un momento tan delicado para nuestro país (como el que también vivimos ahora) se intenta volver la mirada hacia el pasado para recuperar momentos esenciales: los años de la guerra civil y de la postguerra, heridas que aún no están cerradas.

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Azaña, de Carlos Rojas

Novela histórica vs novela historiográfica

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Azaña

Portada del libro de Carlos Rojas en editorial Planeta.

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Portada del libro de Carlos Rojas en editorial Planeta.

DATOS RELACIONADOS

Título: Azaña
Autor: Carlos Rojas (1973)
Editorial: Editorial Planeta. Premio Editorial Planeta 1973.
Formato: 342 págs.; encuadernación tapa dura.
ISBN: 843200024-8

Berta Delgado Melgosa – La República Cultural

Manuel Azaña fue Presidente de España (1936-1939) y una figura que aún hoy despierta sentimientos encontrados. Carlos Rojas ganó el Premio Planeta en 1973 con una estupenda novela titulada Azaña, cuando la tendencia novelística privilegiaba el discurso y la experimentación técnica. Con la transición a la democracia la literatura perdió su carácter de arma política, lo que abrió un abanico de posibilidades. En un momento tan delicado para nuestro país (como el que también vivimos ahora) se intenta volver la mirada hacia el pasado para recuperar momentos esenciales: los años de la guerra civil y de la postguerra, heridas que aún no están cerradas.

La visión real del personaje nos la proporciona Rojas en una síntesis biográfica al principio de la obra y es la de un hombre abatido que huye de España tras varios intentos fallidos de solucionar el conflicto civil por medio de una paz negociada. Se produce una desmitificación, no sólo del personaje sino también de la historia, típica de las novelas de corte postmoderno. No debió de resultarle complicado a Carlos Rojas convertir a Azaña en un antihéroe, puesto que, para muchos, ya lo fue en vida. De él sólo nos llega lo esencial o lo anecdótico. Según esto, cabría una distorsión entre su imagen pública y su imagen privada, pero eso siempre le había sucedido.

La narración nos lleva en un vaivén de circularidad que comienza en el año 39, con Azaña ya enfermo, que recordará momentos esporádicos de su vida y recuperará escenarios, sucesos y personajes más o menos distanciados en el tiempo histórico y narrativo. Azaña es una novela historiográfica (no histórica), esto quiere decir que se produce una parodia del proceso de escritura y, por tanto, del propio discurso histórico. Se pone de manifiesto el carácter ficticio del texto al mezclar acontecimientos reales e inventados, cambiar lugares de nombres o, por ejemplo, al describir personajes ficcionales e históricos. La autorreflexividad narrativa en Azaña tiene en cuenta, en primer lugar, que la novela se reconoce a sí misma como texto que se observa desde fuera y pone de manifiesto su carácter ficticio. En segundo lugar, utiliza otros escritos, mencionados en la narración, como los Diarios de Azaña o La velada en Benicarló. El propio autor añade en el epílogo otros materiales empleados, así como su utilización en la novela que rechaza ser una novela histórica. En su opinión, el error de estas obras denominadas históricas se produce porque la literatura es incapaz de representar el pasado por la imposibilidad de conocerlo de forma exacta. Para evitar estas confusiones tan habituales, Rojas ha variado la cronología de ciertos eventos. A pesar de todo, ha pretendido ser veraz y, sobre todo, digno, porque queda bien claro que su intención era escribir una novela y no darnos una clase de historia. Es el lector quien debe “revivirla y recrearla”.

Los premios Planeta no suelen ser recordados en el tiempo, pero aquí tenemos una obra que merece la pena recuperar del olvido, en especial en este momento político en el que nos encontramos. De Azaña se han dicho y se dirán muchas cosas, sin embargo, la visión de Rojas, a pesar de estar escrita en los estertores de la época franquista, presenta a Azaña como ser humano y personaje a un tiempo de este teatro del mundo, sin olvidar que la historia es una ficción que se inventan los ganadores.

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Azaña, novela galardonada con el Premio Planeta 1973, no es un libro más sobre nuestra guerra civil. Es, ante todo, un extraordinario retrato del que fue presidente de la República española; retrato que, enmarcado en un contexto histórico documentado con minucia y rigor, trasciende el estricto valor biográfico para erigirse en creación literaria de primera magnitud. El autor penetra con libertad e imaginación en la historia y, sin vulnerarla, desvela matices y claroscuros que la simple crónica omitiría; llega así, por caminos de tensión poética, al nudo existencial de su personaje.

Don Manuel Azaña, ya exiliado en Francia y en los últimos meses de su vida, rememora episodios de su acción política desde el drama de Casas Viejas hasta la retirada por lo Pirineos; evoca recuerdos de infancia y juventud, paisajes irremediablemente perdidos, reflexiones filosóficas, afanes literarios, amarguras del exilio; revive sus destempladas discusiones con figuras políticas como Abad de Santillán, Prieto, Companys, Bosch Gimpera, Rojo, Hidalgo de Cisneros, y sobre todo, Negrín; el tenso duelo dialéctico que libran Azaña y Negrín descubre el hondo conflicto íntimo de aquel intelectual escéptico, espectador lúcido y torturado a la vez que protagonista directo del desastre de la República.

Carlos Rojas, escritor de singular y excepcional relieve dentro de la literatura española contemporánea, nos dio una novela ambiciosa, de un estilo impecable, que recrea con fidelidad asombrosa el peculiar modo de hablar y escribir de Azaña. Una obra de indiscutible importancia que por su concepción y factura impresionará profundamente al lector.

Carlos Rojas

Carlos Rojas Vila nació en Barcelona en 1928. En 1951 se licenció en Filosofía y Letras por la Universidad de Barcelona y en 1955 se doctoró en la misma materia por la de Madrid. Fue lector de español en la Universidad de Glasgow (Escocia). En 1957 se trasladó a Estados Unidos como profesor ayudante de español en el Rollins Collage de Winter Park (Florida). Posteriormente, fue profesor agregado de lenguas Románicas y más tarde Catedrático de Literatura Española Contemporánea en la Universidad de Emory en Atlanta.

Su primera novela, De barro y esperanza, se publicó en 1957. Un año después aparecía El futuro ha comenzado y El asesino de César, premio Ciudad de Barcelona 1958. Ganó el Premio Nacional de Literatura en 1968 con Auto de Fe. En 1973 obtenía el premio Planeta con Azaña,y cuatro años más tarde, el Ateneo de Sevilla con Memorias inéditas de José Antonio Primo de Rivera. El Premio Nadal lo conquistaría en 1979 con El ingenioso hidalgo y poeta Federico García Lorca asciende a los infiernos, y ganaría el Espejo de España con El mundo mítico y mágico de Picasso en 1984.

Algunas de sus últimas obras son: El jardín de las Hespérides (novela, 1988), Yo, Goya (ensayo, 1990), Proceso a Godoy (novela histórica, 1992), Alfonso de Borbón habla con el demonio (novela, 1995) y ¡Muera la inteligencia! ¡Viva la muerte! (ensayo, 1995).

(Fuente: Editorial Planeta)

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